Pueden ser los pasos del mambo o la postura más elemental del flamenco. Lo que se busca, sea la danza que sea, es formar un lugar de encuentro y abrir el juego a otras experiencias. "La gente se viene a distraer, y muchas veces buscan descargar las tensiones que se acumulan durante el día", cuenta Mariel Bustinza, profesora de salsa y merengue desde hace cuatro años.
Bajo sus enseñanzas, todas las semanas en el bar "Los Naranjos" (47 entre 11 y 12) o en algún otro centro platense unas 60 personas aprenden a moverse siguiendo los ritmos del son cubano. "Es cierto que la mayoría siempre son mujeres -apunta-, pero en este último tiempo hubo un crecimiento notable en la presencia de varones. En relación a otros años ahora está mucho más parejo; se nota que ya no hay tantos prejuicios".
Como ella, aunque adoptando el género musical de otra cultura, Virgina Didomenicantonio, alias "La India", da todas las semanas clases de flamenco a unas 40 personas en su escuela de 118 entre 34 y 35. Según cuenta, en el mundo de la danza española -y del flamenco en particular- "hay de todo. Muchos lo toman como un hobby, pero también están los que se buscan perfeccionar día a día y siguen la disciplina muy en serio".
Si bien las últimas preferencias se inclinan por la salsa -y otras variantes como la "aerosalsa", que suele practicarse en los gimnasios- o danzas exóticas como la árabe o la española, también se advierte una buena respuesta a los llamados bailes más tradicionales, como el tango -siempre vigente- o la danza contemporánea. Incluso el baile clásico, que antes era patrimonio exclusivo de las nenas, ahora lo practican mujeres mayores que prefieren tener alguna actividad física vinculada con el arte.
"Se nota que hay un incremento, y lo más notable es que la gente que viene a aprender lo hace de forma cada vez más disciplinada", dice Mariana Pereira, que tiene bajo su órbita a 70 alumnas de danza contemporánea, ya sea en El Juglar, de 59 entre 12 y 13, o en algún otro centro cultural de la Ciudad. "En La Plata hay unos diez centros que enseñan este tipo de danza, aunque también hay muchos que funcionan en domicilios particulares", aclara Mariana.
TODOS A BAILAR
Pese a que los prejuicios son cada vez menores, es cierto que la fiebre por aprender a bailar sigue siendo patrimonio de las mujeres. Es más, muchas que hasta hace poco dedicaban varias horas al gimnasio cambiaron esta disciplina por el baile y se volcaron a ritmos que, pese a que no le son contemporáneos, lograron entusiasmarlas con fervor.
Un caso es el de Natalia (26), que hasta el año pasado sólo aprovechaba el tiempo libre que le dejaba la facultad para hacer Tae-bo en un gimnasio de Gonnet. Ahora, dejó de lado las patadas y los saltos y se metió de lleno en los contorneos del merengue y el mambo. "Esto me parece mucho más divertido; se ejercita el cuerpo y a la vez se aprende una expresión artística. Además, practicar en pareja siempre es más entretenido".
Para "Samira" (Marina Miranda), que da clases de danzas árabes desde hace dos años en 39 entre 116 y 117, la pasión por aprender nuevos bailes "creció mucho en los últimos años. En el caso de la danza árabe, por lo general, son las chicas más grandes la que quieren tomarlo como una disciplina y no tanto como un hobby. Aunque claro, también están las que vienen sólo para divertirse y sacarse la curiosidad".
En lo que hace a las edades, el universo de las danzas no conoce de límites. Las que van a aprender danza contemporánea o árabe, por dar un ejemplo, pueden ser nenas muy chiquitas o mujeres mayores que se dividen el tiempo entre el trabajo de todos los días y los pasos bien estudiados de ritmos exóticos.
"Yo tengo más nenas chiquitas que alumnas mayores", cuenta "Samira", y agrega que el crecimiento de la actividad no sólo se hace evidente en el número de alumnos, sino también en la demanda que hay para contratar el espectáculo de "la danza del vientre" en reuniones privadas. "Pese a la crisis, muchos hacen un esfuerzo por alegrar sus fiestas de cumpleaños con alguien que baile árabe vestida de odalisca".
Otro ejemplo del fenómeno es lo que ocurre en el Pasaje Dardo Rocha, donde todas las semanas algo más de 200 personas asisten a los talleres de baile. Allí, como ocurre también en el Centro Cultural Islas Malvinas o en varios clubes de barrio, la salsa y los ritmos árabes se llevan todos los boletos.
Algo parecido sucede con los cursos de tango, que vienen proliferando en este último tiempo por los clubes barriales y varios centros culturales de la región y convocan tanto a personas mayores como a adolescentes amantes del dos por cuatro.
"Cada vez que se organiza alguna clase abierta y gratuita se llena de gente. Eso demuestra que, si la situación económica estuviese mejor, el fenómeno sería aún mucho más grande", cuenta Mariel Bustinza, y sus palabras encuentran eco en lo que dice Virginia, "La India": "Basta que haya una muestra libre para que el lugar se llene. Pese a la crisis, la gente no pierde deseos de disfrutar y expresarse".
Según la bailaora, de hecho, que todos los meses presenta su espectáculo en el Círculo Cultural Andaluz, es en estos momentos de crisis "cuando el artista debe comprometerse con la situación difícil que se atraviesa y ser solidario de la manera que pueda. En mi caso, ahora estoy dando un curso gratuito de flamenco por Bulerías de Jerez, y es impresionante ver cómo las personas responden más allá de todos los problemas".
SUSCRIBITE a esta promo especial