Aurora (Lamaison), con sus 89 años a cuestas, ha tomado una decisión inconsulta e irrevocable: pondrá su coqueto departamento en alquiler y se mudará a un geriátrico. Su hija Ana (Baret) pone el grito en el cielo cuando se entera, aunque en el fondo sabe que de nada le servirá oponerse. Para colmo de males, ese mismo día Andrea (Fassi), la hija de Ana, irrumpe intempestivamente en lo de su abuela, bolsito en mano, tras romper una relación de cinco años de convivencia con su novio. Involuntario testigo de este pandemónium familiar es Adrián (Antier), vecino, amigo y futuro inquilino de Aurora, a punto de casarse, a pesar de padecer una grave enfermedad.
Tal el planteo inicial de "Parecen Angeles", cuyo ágil y coloquial diálogo revela inmediatamente los conflictos generacionales y los rasgos de personalidad de los cuatro personajes. Aurora es independiente, frontal a ultranza, vital, realista. Ana es una mujer insatisfecha, quejosa, culposa y culpógena, eternamente apurada y siempre huyendo para no ver. Andrea es una joven dispuesta a jugarse por lo que quiere (tal como su abuela), de fuertes convicciones, honesta consigo misma y con los demás, un espíritu libre que no canjea su vuelo por una jaula segura. Adrián valora cada instante de su vida, consciente de que puede perderla en cualquier momento. Cálido, bonachón, comprensivo, trata de disfrutar el aquí y ahora, lo único seguro.
A lo largo de cuatro escenas, los personajes irán revelando secretos bien guardados, acompañándose y ayudándose a sortear los no pocos obstáculos que la vida les plantea, estrechando vínculos, sincerándose y saneando la relación. El final anunciado encuentra a Ana y Andrea más madre e hija que nunca.
Esta comedia dramática de Jorge Medina tiene las dosis justas de ternura, tensión, suspenso, credibilidad y humor negro como para entretener, conmover y divertir. Imposible no compartir o identificarse con alguna de las situaciones que se plantean. Los trabajos actorales son absolutamente convincentes. Lydia Lamaison se luce en un personaje querible y muy agradecido. Su vitalidad y dominio de la escena son asombrosos. Dora Baret resuelve con sobrados recursos un personaje crispado, antipático, estructurado, rígido. Ximena Fassi dota a su Andrea de frescura y espontaneidad, mientras que Roberto Antier, medido y en tono menor, logra que su personaje no resulte patético ni digno de lástima.
La dirección de Carlos Evaristo es ágil y alterna con buen timing los climas contrastantes de la pieza.
"Parecen Angeles": como la vida misma.
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