Con estos movimientos -fáciles de advertir públicamente- quedará formalizada la separación del matrimonio Solá, que en rigor se produjo hace ya algunas semanas, cuando el Gobernador comenzó a habitar en forma permanente la residencia oficial de La Plata y Teresa permaneció en la casa particular de ambos en la capital federal, aunque sigue viniendo con frecuencia a la Gobernación por cuestiones de trabajo.
La separación fue confirmada a EL DIA por fuentes oficiales de la Gobernación, que admitieron que tendrá fuerte repercusión institucional, en la medida que Teresa Solá ha desarrollado activamente su rol oficial de primera dama; y aún política, un ámbito en el que la esposa del Gobernador se ha ganado un espacio, aunque siempre desplegó esas actividades en función de la carrera de su marido.
Amistades del matrimonio señalaron que se trata de "un impasse", que atribuyeron a "una necesidad de tomar distancia debido al desgaste que terminó sufriendo la relación de Felipe y Teresa". "El poder duele; yo he pagado costos familiares altísimos, muy dolorosos, desde que soy gobernador", le dijo Solá a este diario en un reportaje reciente.
Felipe Solá tiene dos hijos de un primer matrimonio y se casó con Teresa González Fernández en 1982. A 21 años de aquella boda, las fuentes de la Gobernación consultadas indicaron que esta separación "no afectará la dedicación con que Teresa aporta su trabajo a la compleja tarea gubernamental" y afirmaron que "seguirá conduciendo la Fundación del Banco Provincia".
Vale señalar en ese sentido que anteayer Teresa Solá viajó a Entre Ríos, a conversar con las hermanas de una orden religiosa que, a través de sus gestiones, se integraría al trabajo en el hospital neuropsiquiátrico Open Door ubicado en Luján, que depende del ministerio de Salud bonaerense.
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