Schulmeister estaba convocado para participar del partido amistoso que ayer su club disputó ante Arsenal de Sarandí. Sin embargo, no solamente no se hizo presente, sino que tampoco dio aviso ni justificación alguna. Ante la situación, se hizo presente en el lugar el futbolista Pablo Monsalvo. El volante se había convertido, en el corto lapso de Schulmeister en Huracán -al cual había llegado para la presente temporada-, en su mejor amigo, y al llegar a la dirección mencionada se encontró con la policía y al consultar, recibió la infausta noticia.
LO HABIA INTENTADO ANTES
No fue la de ayer la primera vez en que Schulmeister había intentado quitarse la vida. Ya había querido suicidarse en setiembre del año 2001. Por entonces era el arquero de Atlético de Rafaela, y sin que nada lo hiciera presagiar intentó cortarse el cuello con un cuchillo, autoprovocándose heridas, aunque no la muerte.
A partir de allí, y tras retornar al arco de Rafaela -en aquel momento su esposa había manifestado que el origen de su depresión estaba ligado a lo económico-, cuando su equipo enfrentó a San Martín de San Juan manifestó que "sé que ahora la voy a tener que pelear más que nunca, pero estoy preparado".
Nacido futbolísticamente en el club Blanco y Negro de su Coronel Suárez natal, bien pronto comenzó a demostrar sus condiciones para el arco. A tal punto que alguien que lo vio lo llevó, a mediados de 1996, nada menos que a Boca Juniors, adonde llegó con edad de cuarta división. Y a pesar de que no jugó ningún partido en Primera División, entrenó con el equipo mayor. Luego recaló en Defensores de Belgrano, que por entonces militaba en la Primera B. Allí se desempeñó durante la temporada 1997/99.
Después de eso "ascendió" al Nacional B para atajar en San Miguel dos años. Allí no le fue del todo bien ya que, en la segunda temporada, fue alcanzado por el descenso. De todos modos, Atlético de Rafaela se interesó en él y allí jugó durante la temporada 2001/2002, en aquel buen equipo dirigido por Jorge Ghiso, quien armó la base del conjunto que seis meses después se quedara con el Apertura de la Primera B Nacional. Pero ya allí mostró sus problemas depresivos y tuvo su primer intento de suicidio. Volvió, y luego de jugar poco tiempo más fue cedido a Huracán. Allí compartió el puesto con Martín Ríos y hasta llegó a arrebatárselo. "Parecía integrado al grupo, era un muchacho alegre", señaló ayer un allegado a Huracán sin entender por qué pasó lo que pasó. Hasta que sucedió lo inexplicable.
SARIC Y VIVALDA
El lamentable y triste desenlace de la víspera, que acarreó la muerte de Sergio Schulmeister, remite, dentro del fútbol, a otros luctuosos casos de suicidios de futbolistas. Está claro que el deporte no es ajeno a este tipo de hechos. El más reciente antecedente fue el de Mirko Saric, quien se quitó la vida ahorcándose en su domicilio. El volante de San Lorenzo sufría una fuerte depresión y no dudó en tomar semejante determinación.
El mismo y trágico final corrió el recordado Alberto Pedro Vivalda, quien fuera arquero de Chacarita, River y Racing. Tomó la decisión de quitarse la vida y no falló en el intento.
No obstante, hay casos que rozaron la muerte en intentos de suicidio, como ocurriera con Rubén José Suñé y Rafael Albrecht.
El Chapa optó por arrojarse al vacío y luego se fue recuperando. En el caso del tucumano Albrecht, nunca quedó del todo claro si se trató de un accidente, pues se llegó a argumentar que fue succionado por el paso de un tren, estando cerca de una formación.
SUSCRIBITE a esta promo especial