Si bien en líneas generales lo anunciado le ha caído bien a las mayorías, o al menos a los que ‘cortan el bacalao’ en la categoría, está muy claro que nadie sabe a ciencia cierta cómo van a influir estas variantes en el desarrollo de la próxima temporada.
A tal punto es así, que contradictoriamente a lo que a priori serían modificaciones auspiciosas, las autoridades de la popular especialidad tuvieron que avalar una avalancha de pedidos de cambios de marcas de muchos corredores, incluidos grandes figuras y hasta referentes.
Cualquiera que no entiende nada de automovilismo ni conoce en profundidad el corazón del TC, tranquilamente podría preguntarse en voz alta ¿por qué tantos pilotos eligieron cambiar de marca para el año que viene?
Pero aún a los avezados expertos analistas de la categoría no les sería tan simple contestarles. Porque está muy claro que si las variantes reglamentarias permitieran imaginar un horizonte ideal para los defensores de cada marca, salvo excepciones, todos se quedarían donde están.
La necesaria apertura de la ACTC a la posibilidad de alternancias, brindó ‘peligrosas’ libertades a los pilotos; siempre acostumbrados a transitar de la ‘mano’ y reticentes a que la paridad inducida se pierda. En ese contexto, claramente se empiezan a ver perjudicados los hinchas de Dodge.
¿Cómo se le pide a un seguidor de esa marca que sueñe con ser campeón en 2008, o sencillamente que asista a las carreras? Si ni siquiera va a poder contar con sus referentes.
José Ciantini cambia a Chevrolet; Norberto Fontana a Ford, Sebastián Diruscio a Chevrolet; Pablo Soto a Chevrolet; Ernesto Bessone podría ir a Ford. Entonces, ¿le quedan figuras a los hinchas de Dodge como para entusiasmarse? Si de forma inversa, otros tantos pilotos quisiesen competir con esa marca, no habría problemas. La cuestión es que se van muchos y no llega nadie.
Se hablará de que la mayoría de estos traspasos, como otros que también fueron legalizados, llegan ahora como premio al tesón y a la larga espera que todos debieron soportar, después de realizar hace ‘mucho’ tiempo los pedidos formales para cambiar. También que los auspiciantes motivaron otros tantos.
Pero está claro que en el fondo, todo se resume a la competitividad. Ningún piloto que se precie cambiaría de marca porque sí, o para complacer a un sponsor, si supiese que con la marca que corre cuenta con chances concretas de ganar y ser campeón. Del mismo modo, ningún anunciante, chapista, motorista o equipo de fuste le recomendaría a un volante que cambie de marca, si la que defiende le permite estar ligado con el éxito.
“A nadie le conviene una temporada como esta. Ni siquiera para el propio Christian Ledesma es positivo haber sacado una diferencia tan grande en el campeonato”. Esta es una de las afirmaciones que pueden escucharse por estas horas y que además resulta adecuada para los que tienen ‘voz’ y ‘voto’ en el TC.
Habrá que empezar entonces a acostumbrarse a los aceleradores dosificados, a las carreras calculadas y a las planchas ‘Traverso’.
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