Mañana con la asunción de la nueva Comisión Directiva encabezada por Walter Gisande parece abrirse una nueva etapa en la vida del club. Por lo pronto, una era de cambios: adios Falcioni, bienvenido Guillermo Sanguinetti, jugadores que se irán y otros que vendrán...
Está bien, parece un hecho el regreso del uruguayo Diego Alonso, luego de casi ocho años de girar por España, México, Uruguay y China. Pero por estas horas, la palabra más esperada es la de Guillermo Barros Schelotto, un símbolo del club, de este Gimnasia que hoy más que nunca necesita de sus símbolos para recuperar la identidad.
"No viene", dice uno. "Juega un año más en Estados Unidos, gana fortunas", agrega otro, de esos que siempre la saben posta-posta. La verdad, si hablamos de dinero, juega en Columbus Crew el año próximo. Sin embargo, para el mellizo, las palabras Gimnasia y dinero no están en el mismo renglón, no tienen relación.
¿Puede Guillermo comparar esa camiseta amarilla con su imagen entrando a la cancha con la azul y blanca y la cinta de capitán? (y si es en el Bosque, el sueño es completo). ¿Se compara el frío de EEUU -en todo sentido- con el calor de los hinchas triperos? ¿Puede poner en la balanza un partido con los Galaxy de Beckham, compararlo con lo que se siente en un clásico? Sin dudas, hay cosas que el dinero no puede comprar.
Guillermo y Gisande se van a encontrar, dicen que será la próxima semana. Habrá una charla concreta. Oferta económica. Se hablará de jugadores que pueden llegar. Guillermo quiere hablar de Gimnasia, de como está el club, como serán estos tres años, de los objetivos deportivos. El pase del mellizo pertenece a la Major League Soccer, Columbus ya hizo uso de la opción, pero no hay plazos. Tampoco grandes trabas: en Estados Unidos nadie juega forzado y su pase no costaría una fortuna.
Quien les dice, tal vez sea la hora de la vuelta a casa. Tarda en llegar y al final...hay recompensa.
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