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En La Plata detectaron a 13 mentes brillantes

En La Plata detectaron a 13 mentes brillantes

Por Redacción


Por FACUNDO BAÑEZ

Ya a los dos años de edad, Javier Valli aprendía el abecedario con un rigor inusual y pronunciaba palabras como si fuera al colegio primario. A los tres, leía de corrido y maravillaba a los amigos de su padre que le llevaban diarios y revistas para poner a prueba su habilidad. Con el tiempo, el afán de Javier por instruirse nunca se aplacó: tras recibirse de bioquímico, aprendió inglés, francés, ruso y alemán, y una vez que estudió cada una de esas lenguas se puso a practicar esperanto, euskera y hasta arameo. Hoy, con 51 años, las habilidades de Javier parecen haber rendido sus frutos: es uno de los trece platenses que integran Mensa, una organización fundada en 1946 en Inglaterra que identifica y recluta en todo el mundo a personas con el coeficiente intelectual (CI) muy elevado.

"Al principio muchos decían que papá me había enseñado textos de memoria -recuerda Javier-, pero cuando me daban algún escrito al azar y lo leía sin problemas, entonces se daban cuenta de que mi capacidad era verdadera". Para ingresar al selecto club de las mentes brillantes que propone Mensa, Javier tuvo que rendir una prueba en la que obtuvo un puntaje superior a 148. Con esa nota, simplemente, demostró estar adentro del 2 por ciento más destacado de la población mundial. "Uno puede tener una inteligencia especial -aclara Javier-, pero tengo los mismos defectos y las mismas virtudes que cualquiera".

En el mundo hay 100 mil miembros de Mensa y en Argentina suman ya 350, de los cuales 13 son de nuestra ciudad. ¿Pero qué es lo que hacen? Sencillo: se juntan a charlar, intercambian información sobre inteligencia, comparten algunas reflexiones y tratan de crear un ambiente intelectual estimulante. ¿Es una forma de autoexclusión? ¿Hay egolatría? Para nada, dicen ellos. Y aseguran que hicieron el test que propone Mensa por simple curiosidad.

"Tiene que ver con un desafío personal", explica Nicolás Paolucci, que con 29 años es el último platense que ingresó en la lista de las "mentes brillantes" (ver "Siempre...). Según cuenta, su historia comenzó cuando leyó en el diario sobre la existencia de esta organización y se propuso realizar algunos test orientativos a través de Internet. Al ver que los resultados eran buenos, decidió entonces hacer la prueba en capital federal y demostrar que tenía la suficiente capacidad intelectual como para ser parte de Mensa. "Estar entre el 2 por ciento de la población que tiene esta capacidad es un orgullo", apunta.

En los tests de inteligencia, hay que decir, se mide el coeficiente intelectual (CI en español, IQ en inglés). En los chicos, representa la relación entre la edad mental y la edad cronológica; es decir, el grado de desarrollo intelectual. En los adultos representa la relación entre la capacidad intelectual medida y el promedio de la población, para el cual el test está estandarizado. El valor medio es CI=100. La mitad de una población tiene un CI de entre 90 y 110; el 68 por ciento se ubica entre 85 y 115; el 84 por ciento se halla entre 80 y 120 y hay un 8 por ciento tanto por debajo de 80 como por encima de 120.

Pero no todo es sencillo en el universo de Mensa. Sucede que, muchas veces, detrás de estas mentes geniales hay historias complicadas, de rebeldías, de infancias y adolescencias no del todo felices. "A veces aparecen chicos con problemas de conducta -explica Javier-, pero es una cuestión que puede obedecer al aburrimiento que experimentan estos chicos en clase. Hay mucha incomprensión y hasta pueden ser víctimas del aislamiento de sus propios compañeros".

Muchos son autodidactas, aprender a jugar al ajedrez a los seis años y conocen ya de chicos las banderas y capitales del mundo. Por lo general, se explica, los maestros no están preparados para tratar a este tipo de alumnos. Los hacen callar, no los dejan participar y se los aísla. En el caso del grupo platense que forma parte de Mensa, muchos de los cuales sufrieron en la niñez esta incomprensión, la principal característica es la heterogeneidad: hay estudiantes, ingenieros, abogados, un gerente de empresa y hasta un dibujante.

"Esa es la idea primordial de Mensa", explica Javier, quien asegura que esta sociedad "está abierta para individuos de cualquier religión, ideología o filiación política". El criterio para la aceptación es sumamente pluralista, dado que no existe condición previa de ninguna clase. Sólo debe aprobarse la evaluación de ingreso. Sólo hay que demostrar que uno tiene el coeficiente intelectual de un genio.

La prueba para determinar esto, es bueno aclarar, no consiste en un examen tradicional con preguntas y respuestas, ni tampoco está orientada a medir los conocimientos acumulados por cada persona. Se trata de un test basado en nociones de lógica y representado a través de distintas figuras, cuya complejidad va aumentando a medida que se superan los ejercicios, con un determinado tiempo para realizarlos y a través de los cuales debiera aflorar la inteligencia innata de cada individuo, que en este caso se mide en puntos. Para superar esta prueba, como se dijo, se necesita un mínimo de 148 puntos, cuando se estima que el promedio de una persona tipo es de 100 puntos.

Ahora bien, ¿se puede realmente medir la inteligencia a través de un examen? Para las autoridades de Mensa Argentina, encargados a su vez de evaluar los test mensuales que se toman en el país, el examen que toma la organización "consiste en un test abstracto, donde se elimina toda posibilidad del factor cultural o étnico. Los tests abstractos nivelan las dispersiones estadísticas ya que no involucran lo cultural, como la capacidad matemática o lingüística". Con todo, los encargados de evaluar aclaran que esta prueba de ingreso implica un requisito para entrar en Mensa y nada más. Incluso aseguran que se ha tratado de eliminar el tema de puntaje, "para que no se crea que es una evaluación intelectual sino más bien un juego para ingresar".

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