Anoche, el partido duró 23 minutos pero no se puede hablar de futbol. No era un campo de juego, era una laguna. La fuente de 32. Un picado en la playa. El tan mentado "estadio más moderno de Sudamérica" no soportó la lluvia y Gimnasia-Colón quedó para otro día.
Está bien, por momentos era un diluvio. No es excusa. En Buenos Aires llovió desde temprano y los partidos se jugaron. Charcos, barro, cancha pesada. En el estadio Ciudad de La Plata el campo no drenó. Ni una gota. Exhibió todos sus problemas y más, una cancha que nunca se recuperó del recital de La Renga.
Es el estadio del poder. De los poderosos y los cómodos. Pero ¿dónde estaba anoche la comodidad? El techo duerme su sueño eterno en la aduana y las plateas -a veces carísimas, ahora gratuitas- no son cubiertas. El estacionamiento no se puede usar, es un barrial. Las boleterias no se utilizan.
¿Habrán ido anoche los funcionarios municipales y los miembros del Coprosede?
Más allá de la bronca de los hinchas que se mojaron, el partido estuvo bien suspendido. Más aún, no debió haber comenzado. Ahora, AFA reprogramaría el partido para octubre.
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