Gimnasia jugó mal. No tuvo claridad y empeoró con la expulsión de Ignacio Piatti, un error de Saúl Laverni. Era foul al de Gimnasia, que de frente al rival se defendió con una plancha típica del que pega por miedo a que le peguen. El árbitro nunca estuvo seguro de la expulsión, pero sacó roja: una expresión más de nuestros pobres árbitros. Si el partido ya era raro y difícil para Gimnasia, a partir de allí fue un acertijo insoluble.
San Martín, que vino a sumar de a uno llenando la cancha de defensores, vió que podía. Se animo poquito, pero el partido parecía que estaba. Gimnasia era la desesperanza del Pampa, a 40 metros de la camiseta amiga más cercana. Para el Lobo, una hora con 10 hombres era demasiado. Hasta el puntito parecía que tenía valor...
(Faltan 15, Messera por ¿Romero? No, Villar tiene amarilla, Madelón se equivocó. Cardozo no acierta la cancha. ¡Dale Lobo! Que se termine. Tendremos una. Faltan 11. Uyy, Mariano ¡pegale! Sí, sí, sí. GOOOOOOOOOOLLLLLLLLLLL).
Todo eso y mucho más se vivió en el Bosque. El equipo corrió. Gimnasia transpiró la camiseta, adentro y afuera. Sufrió más que nunca. ¿Quién dijo que sería fácil? No fue un grito de gol, fue un alarido. Un grito de corazón, mezcla de alegría, impotencia, desahogo. Un grito que muchos acompañaron con lágrimas.
Final a todo festejo. ¿Se acuerdan? Antes el Bosque era así, cuando los objetivos eran otros. Madelón dijo que faltaba alegría (tiene suerte Carol, al menos espantó la mufa) y parece que quiere volver...
Falta muchísimo más. Fechas buenas y fechas malas. Ahora, radio y tele para seguir a los demás. Triperos, a disfrutar del mejor fin de semana de 2008.
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