Hoy gasta los últimos cartuchos en primera con vergüenza deportiva. Pone la cara en un momento difícil. Jamás saca la pierna. Nunca se guarda nada, deja todo en la cancha. Suma. Es lento, sí. Pero con la experiencia le alcanza para ubicarse bien. Con el manual en la mano, juega mejor que Renato Civelli en ese puesto. Y a su lado, el ex Banfield se potencia, cómodo en la lucha, en la pelea cuerpo a cuerpo contra un delantero grandote.
Coco tuvo errores, sin dudas. El más recordado es aquel penal a Alayes. Se "comió" muchas goleadas. ¿Se equivocó afuera de la cancha? Con la responsabilidad que le dió la capitanía, quedó -con o sin justicia- "pegado" en momentos difíciles para el Lobo. Eso también es parte de la historia.
Historia...Torneo Centenario, '95, el gran equipo del '96, el '98 -su mejor año, convocado a la Selección-, 2002. Y después del exilio en Mataderos, tuvo resto para sacar al equipo de la promoción y quedar ahí, arañando la gloria seguramente por última vez. En silencio, sin "vender humo", sin besarse la camiseta, hizo más que otros. Está. Callado, juega o va al banco. Lo tienen ahí, partido a partido, para las puteadas o los (pocos) aplausos.
Cuando los tapones de los botines ya no tengan barro, habrá que recordar a Jorge Héctor San Esteban, el "Coco", como un correcto jugador que en 15 años dió todo. El jugador más hincha de Gimnasia, sin ser hincha. Lo demostró jugando. Lo demostró en la popular visitante de Independiente, como un tripero más cuando jugaba en Chicago. Sin gritarlo a los cuatro vientos, quiere al club.
Jorge San Esteban está jugando bien. Tal vez, en el próximo partido sea un desastre. Todo puede pasar. Estas líneas no tienen como objetivo ensalzar a un jugador de un equipo que tiene 6 puntos. Tampoco crear un ídolo de esos que a veces cansan. Solamente pedir que cuando caiga el telón, cuando las piernas digan basta, se lleve un reconocimiento. Qué su salida sea por la puerta grande y lo último que escuche sea un aplauso.
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