Kimi Raikkonen, finlandés y número uno de Ferrari, todavía no se ‘dio cuenta’ que se consagró campeón del mundo el año pasado y va como dormido hacia un nuevo título, cómodo y fríamente silencioso en el primer lugar de la tabla de posiciones.
Felipe Massa, su compañero de equipo, no sumó puntos en las dos primeras fechas del año y estuvieron a punto de echarlo de la Scudería. Lo protegió Jean Todt, pero cuando el francés se convirtió en ex director del equipo, recrudecieron las críticas para el brasileño.
Contra los pronósticos, el paulista ganó en Bahréin, fue segundo en España, subió a lo más alto del podio en Turquía y se transformó en el piloto que más sumó en las tres últimas fechas del calendario.
Aún así, luego del GP disputado en Estambul, el ahora director de Ferrari, Luca Baldiserri, se animó a decir: "No estoy del todo contento, porque si Felipe hubiera aguantado dos vueltas más a Hamilton, tal vez Kimi habría terminado segundo". En pocas palabras, es notorio que en la casa de Maranello cada vez hay menos lugar para Massa, pese a que está segundo en el torneo, en alza y ávido de gloria.
Lewis Hamilton, la gran revelación 2007, pudo haber sido campeón en el debut, pero pecó de novato, se peleó con su ‘hermano’ y a los dos se los comió Raikkonen, que vino de ‘afuera’ sin nada que perder. En lugar de ser crítico con el grave error que cometió y mirar un poco más hacia adentro, levantó la cabeza omnipotente y redobló la apuesta: “el año que viene voy a ser campeón”, aseguró.
Dicha la frase, que se supone nunca hay que anunciar antes de tiempo, se dedicó a presentar su biografía, tal cual un corredor con vastos lauros y años en la Máxima; se dejó ver inmerso en fiestas glamorosas, con mujeres de la alta sociedad y empresarios poderosos, dicen algunos para explorar su imagen; se ocupó más de firmar suculentos contratos por publicidad y mejorar su vínculo económico con McLaren, que en entrenar y seguir aprendiendo sobre la Fórmula 1; se convirtió en la cara de varias firmas, incluida una conocida marca de indumentaria deportiva y para muchos empezó a desatender los pequeños detalles que influyen en el exacto funcionamiento de un equipo en el primer nivel.
En lo deportivo, ganó en el arranque del mundial y quiso creer que el cierre de la temporada pasada fue simplemente un capítulo desafortunado de su temprana carrera. Supuso que, como en 2007, iba a poder controlar el éxito a su gusto. Pero sumó poco en la carrera siguiente, nada en la tercera y se dio cuenta que no alcanza sólo con ser talentoso. Ron Denis, director deportivo de McLaren, le bajó el copete, le dijo que deje de pensar en la plata, la fama y haga honor a la gran chance que tiene. Por eso el chico volvió a las fuentes, hizo podio en los últimos dos GP y se puso a tiro en el campeonato.
Un campeón desabrido, tibio, opaco. Un ‘segundo’ que no quiere ser recordado como Barrichello en Ferrari y, aún siendo potencialmente más que su predecesor, pierde crédito extrañamente cuando le va mejor. Un talentoso nato, tan único como un negro en la Fórmula 1, da por sentado que los títulos llegan solos y se dedica a lo extra competitivo. Lejos se ve al español Fernando Alonso, reciente bicampeón y hoy requerido por la prensa asiduamente para que declare cualquier cosa que haga ruido. Está fuera de combate y no soporta que no se hable de él.
Extraña Fórmula 1 pos Michael Schumacher, con pilotos híbridos, sin el fuego sagrado de los grandes y tentados por todo lo que envuelve a la categoría, en detrimento del placer por competir. A Fangio, Senna, Prost y Schumy les costaría mucho encontrar pares en esta Máxima.SUSCRIBITE a esta promo especial