El máximo tribunal penal, que consideró que esa decisión constituye una "gravedad institucional", anuló el fallo y se lo devolvió a los magistrados que lo habían firmado por mayoría, pero dispuso que sean "jueces hábiles", y no ellos, quienes fijen el monto de la pena a cumplir.
El caso que desencadenó la dura reacción de la sala I de la Casación es el de Carlos Alberto Sorensen, de 49 años, quien el 22 de diciembre de 2001 hablaba con una vecina en la ciudad bonaerense de Necochea y de repente le asestó una puñalada a un hombre que venía caminando, porque creyó que se estaba burlando de él.
Reacción salvaje
Según relató en el juicio oral la esposa de la víctima, ella venía charlando con su marido, José Blanco, de 25 años, y una amiga, cuando Sorensen los increpó y les preguntó: ¿De qué se ríen?, y cuando el hombre le dijo: "¿Qué te pasa?, el albañil lo mató.
Tras el hecho, un policía que estaba por la zona detuvo al agresor, mientras que un guardavidas intentó salvar a Blanco, que era padre de un niño de 3 años, dándole primeros auxilios, pero no lo logró, ya que la herida era profunda.
Tras el juicio oral, el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 1 de Necochea entendió que Sorensen, al momento del hecho, tenía una "imputabilidad disminuida", porque era una persona con rasgos esquizofrénicos y paranoides, y si bien eso le permitía comprender la criminalidad del hecho, no tenía capacidad de control de sus acciones.
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