"No pasa nada" dijo Gisande cuando salió de la cancha de Tigre. "Todavía no renunció" fué el mensaje cerca de las 10 de la noche. Gisande y Sanguinetti charlaron en camarines, pero nadie esperaba una decisión, un gesto. Si la decisión es dar un paso al costado, ese vestuario no sería el escenario.
La realidad marca que Walter Gisande no despedirá al entrenador, pero que la C.D. no rechazará una renuncia. Contra viento y marea, el Presidente respaldó a Sanguinetti en dos ocaciones, tras el clásico y después de perder con Lanús en el Bosque. Hoy, para ambos la situación es insostenible.
"Traigo estos refuerzos para que si las cosas no salen y tengo que irme, los jugadores con compromiso saquen esto a flote". Palabra más, palabra menos, fué la reflexión en confianza que dejó el Topo al principio del campeonato. Sabía que empezaba con poco crédito. En seis partidos, llegó el default. Solamente Sanguinetti, Adinolfi y Curbelo tienen certezas sobre como sigue esta historia, cerca del The End.
Lo de Gimnasia es imposible de entender. Un equipo que se pone de casualidad en ventaja y pasa a controlar el partido se convierte, en un puñado de minutos, en una suma de voluntades que entrega gol tras gol hasta perder con claridad. En el segundo tiempo, Gimnasia fué un papel a merced del viento. Un equipo fantasma desparramado en la cancha.
El equipo de Sanguinetti trata bien la pelota, pero no lastima. Ni velocidad, ni profundidad, ni cambio de ritmo. Es un scalectric, siempre a la misma velocidad. Y si no genera jugadas claras cuando juega bien -salvo ante Independiente- qué esperar de partidos como el de esta tarde en Victoria.
Insisto, hay muy buen plantel. Insisto, este puede ser un buen equipo, aunque no es fácil jugar con tanta ansiedad. Tal vez, descomprimir sea una solución a corto plazo.
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