El ingreso de Marcelo Cardozo sorprende por el "agrande" -en el buen concepto- que generó en Lucas Landa su regreso con gol a primera división. Más, con Cardozo afuera desde Tigre porque claramente no estaba bien. Sin embargo, Madelón entiende que Landa titular es decir "voy a empatar" como mensaje hacia adentro y hacia afuera. Y el entrenador sabe que Ariel Cuffaro Russo le tapará la salida del chileno Ormeño y no quiere un equipo "rengo". Una y otra postura son atendibles: quien busca privilegiar el momento del jugador y aquel que cree que es necesario privilegiar el funcionamiento del equipo a partir de las características de los jugadores. Hay razones valederas, no hay UNA razón, una verdad absoluta.
"Vamos los pibes" es un canto que es bandera. A veces, de modo irrazonable (todavía recuerdo quien hablaba de descender con los pibes en la temporada anterior), ciego, más crítica a quien juega que verdadera valoración de la cantera. Pero es una idea noble. Vital. Respaldar a los jugadores jóvenes es elegir un modelo de club, ser Lanús y no Quilmes. Los clubes crecen gracias a sus jugadores. Cada pibe que debuta, crece, se afirma, es una alegría para la tesorería aunque después no vaya a Europa por cuatro millones de euros.
Marcelo Cardozo es uno de esos pibes. No venía jugando bien. Los nervios lo traicionaron en Rafaela. Sentía como pocos. Como ustedes. Ahora, cada murmullo es una puñalada peor que la gambeta de un rival. Merece respeto. Necesita respaldo. Que el equipo lo cobije y no se sienta observado con microscopio. Sobran los ejemplos de jugadores que se sobrepusieron a la adversidad: el Pampa Sosa, Guglielminpietro, Güendulain, Tempesta escucharon esos murmullos alguna vez. Algunos triunfaron, llegaron al gran nivel. Todos fueron jugadores de primera división hechos y derechos, con muchos partidos sobre el lomo. Un Cardozo adentro, respaldado, es un Serafín García, un Eros Pérez, un Federico Domínguez al que no hay que ir a buscar.
22 años tiene el Negro Cardozo. Vuelve a la cancha en la que jugó como nunca aquel primer partido con Maturana como técnico, empate 2 a 2.Muchos partidos, poca continuidad. Poco para crucificarlo, para calzarle el sanbenito de "no es para primera". Lo banca el entrenador. Lo bancan los compañeros. Ahora, depende de él. Y de ustedes.
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