Es un proceso agotado. Hoy, la milagrosa salvación del 12 de julio queda sepultada por una campaña de descenso. 13 puntos. 3 partidos ganados. 9 perdidos sobre 16. Un equipo que es previsible, sin cambio de ritmo, sin sorpresa. Sin CONVICCIÓN. Una campaña imposible de sostener, porque por encima de los nombres propios está Gimnasia.
Fue una noche triste en el Bosque. Porque Gimnasia se ganó a sí mismo. Perdió un partido increíble contra un rival que mostró poquito, Argentinos sabía a que jugar, Gimnasia no. Más que un equipo, una pila de nervios. Sin rebeldía. Sin brújula.
Fue una noche triste en el Bosque. Porque el Pampa Sosa se cruzó feo con Madelón. Iban 40 del segundo tiempo y los gestos del delantero eran evidentes. Una posible traducción: "¿ahora me ponés?". Seguramente, alguna palabra de más. En vestuarios, con el único jugador que habló Madelón fue con Sosa. Apenas un minuto. Solamente ellos conocen el diálogo.
Fue una noche triste. Tensa. Nerviosa. Porque Gastón Sessa se equivocó y ante los insultos, salió a buscar el responsable. Confusión. Arremolinamiento de gente. Un golpe. Debió haberse evitado.
Ni cama, ni bombo. Desgaste. Las derrotas son las gotas que erosionan la piedra. Se pierde convicción. Se pierde confianza. Nacen las dudas. Madelón siempre dijo que en los entrenamientos "cargaban nafta". Y después de mucho andar, la nafta se terminó.
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