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Una tradición que no se rompe

Un repaso por la historia de los huevos de Pascua que antes de ser productos comerciales, eran símbolo de vida y tradiciones paganas

Una tradición que no se rompe

Por Redacción

¿Cuál es la historia de este huevo que cautiva a millones de personas en todo el mundo, sin distinción de credo y religión, y que no siempre fue de chocolate ni estuvo relleno de confites y sorpresas?

La historia del Huevo de Pascua tiene orígenes diversos. Hay quienes hablan del año 1513 antes de Cristo cuando el pueblo judío emprendió su éxodo desde Egipto hacia la Tierra Prometida. Los habitantes, entre cánticos y alabanzas, simbolizaban con un huevo al duro corazón del Faraón Ramses II que no los dejaba salir.

Otros se remontan a la tradición que existía en Medio Oriente, previo al cristianismo, de regalar huevos decorados cuando comenzaba la primavera. Estas celebraciones marcaban el fin del invierno y el renacimiento de los árboles y pichones. Por eso, el huevo, al estallar con una vida, se convirtió en el símbolo de ese florecer.

Algunos registros históricos marcan los orígenes de la Pascua Florida. Una fiesta de primavera en honor a la diosa de la luz y la fertilidad, "Eostre", que tenía como símbolos al huevo y la liebre.

Para las antiguas civilizaciones de Persia, China, Egipto, Grecia, Centro y Sudamérica, el huevo era un elemento muy importante. En la India y países semitas de la región oriental representaba lo primitivo. Y, en los países hebreos, se creía que las aguas se habían elevado para dar origen a un huevo de oro del que salió el creador del mundo.

El huevo, entonces, era tomado como un símbolo de una nueva vida. Fue recién con la llegada del Cristianismo cuando esa idea tomó forma debido a la Resurrección de Jesús de entre los muertos. Pero la misma Iglesia prohibía a sus fieles comerlos durante el período de Cuaresma en los siglos IX y XVIII, porque los consideraba un alimento equivalente a la carne. Para diferenciarlos de los frescos, los pintaban con cera.

En Rusia el huevo también es sinónimo de resurrección. De hecho, la Pascua es la mayor fiesta del calendario ortodoxo ruso. La historia habla del joyero Carl Fabergé que elaboró entre los años 1885 y 1916, cincuenta y cuatro huevos pintados especialmente para los zares rusos. De ellos hoy sólo se conocen cuarenta y siete. Diez son conservados en Moscú por el Kremlin y once son parte de la colección Forbes en Nueva York. Otros dieciséis están en manos de potentados americanos y ocho en colecciones privadas europeas. Hay dos que escapan de toda localización.

Es en el siglo XX, momento de expansión del comercio, donde la utilización del chocolate en formato huevo, fue una idea más acabada y se convirtió en el símbolo tradicional de la Semana Santa.

Estas celebraciones actuales toman formas muy diversas. En Rusia, la Pascua es celebrada mediante un intercambio de huevos y tres besos apasionados. El tipo de huevo determina la fortuna de cada persona. En Cataluña tienen mucho éxito las "Monas de Pascua" y en Grecia se los pinta de rojo en memoria de la sangre de Cristo.

En Armenia, por ejemplo, se hacen con los diseños de Cristos y Vírgenes. En Noruega se acostumbra resolver crímenes y los canales de televisión muestran programas llamados "Crimen de Pascua", donde se ven historias de detectives y asesinatos. Y en la República Checa, los hombres acostumbran a azotar a las mujeres al día siguiente de la celebración para demostrar su atracción. Las mujeres, en agradecimiento, les dan un huevo adornado.

Y se hizo chocolate

Victoria Chávez camina desesperada por los pasillos del almacén. La fiesta se aproxima y ella no ha comprado los huevos. Siempre lo deja para último momento porque, al ser una familia numerosa, primero se encarga de tener listo lo que comerán en esos días.

Según ella, una de las 1200 millones de fieles católicas en todo el mundo, "las Pascuas son una de las fiestas más importantes del catolicismo. A nosotros nos encanta juntarnos a comer; como yo obligo a mi familia a seguir mis ritos católicos, el Domingo comemos de todo, en especial los huevos de chocolate. Además voy a orarle a Jesús para pedirle que proteja a mis hijos y que los cuide de su ateísmo" dice la tolosana Victoria con un dejo de alegría a pesar que sus hijos no siguen sus costumbres.

Para Estela Bouclier las cosas son diferentes. No se la ve desesperada por tener todo listo. "Nosotros somos una familia de tradición católica que solíamos ir siempre a las ceremonias religiosas; por eso no le damos un tono comercial a Pascua, sino que para pasarlo en familia, nos vamos todos a nuestro pueblo de sangre, Mones Cazón. Mis hijos ya no van a la Iglesia, pero yo volveré este año", asegura Estela como promesa previa a los festejos cristianos.

A pesar de todo, las tradiciones han ido cambiando a lo largo de los siglos. De celebración religiosa a días en los que se come en exceso. El Domingo de Pascua es, junto con la Navidad, uno de los días del año en el que se consumen más chocolates y uno de los ritos tradicionales de las familias platenses.

El negocio del chocolate

Según una estadística comercial, el año pasado se vendieron en el país 670 toneladas de huevos de Pascua, un equivalente a 61 millones de pesos. De las ventas, una de las marcas líderes del mercado se llevó el 49.1% y el 50.9 % restante fue repartido entre las otras empresas del mercado.

Con un esperado incremento de entre el 20 y 30% para este año en la canasta de Pascua, el huevo de chocolate industrial sigue siendo el elegido por los platenses. Según Marcos Gómez, de un comercio céntrico de la Ciudad, "a pesar de la suba, la gente ya empezó a comprar hace un tiempo los huevos de Pascua porque temen que sigan en aumento".

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