Gimnasia perdió anoche un partido de esos que pierden los equipos que terminan mal. Jugaba bien hasta que el sol dio paso al tsunami. No hay lugar para errores y ayer Rinaudo tuvo uno grande. Después, el desatre. La impotencia en el campo y en el banco. La sensación de que no se puede. El partido perdido indefectiblemente desde el gol de Silva, aunque faltase más de media hora. Un equipo con el ánimo quebrado. Una noche fatal que sumó la gravísima lesión de Diego Villar que será operado y estará más de seis meses sin jugar.
Ahora no importan Muñoz, Gisande, Maturana, Sanguinetti, Madelón, Piatti o Sosa (aunque no tengo dudas de que estos son los jugadores). Ni Banfield, Racing o Godoy Cruz. Casi ni siquiera Rosario Central. Ahora, mano a mano con jujeños y tucumanos, la promoción es objetivo y deseo.
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