El partido en el Viaducto fue de lo peor de la era Madelón. Una tarde tensa, muchos nervios, cero fútbol. "Y pongan huevos..." fue el grito en el final y si bien seguramente los 5 mil triperos presentes no tienen -en verdad- mayores reclamos de entrega a sus jugadores, el pedido es un análisis del juego: a Gimnasia le faltó algo más.
¿Qué le faltó? Juego, seguro. Hizo mejor las cosas en los partidos anteriores (salvo el segundo tiempo ante Banfield) que frente a un desdibujado Arsenal. ¿Qué más? CONVENCIMIENTO. Salvo en los primeros 7 u 8 minutos, nunca "vamos a ganar" fue el mensaje que transmitió el equipo. Tal vez, miedo a perder. La situación complicada, además, nubla la mente y hace que las piernas pesen más. Pero tampoco el banco de suplentes destiló ese mensaje.
Madelón no trabaja con tres defensores, no le gusta, no la "siente". Puede encontrar los defensores, pero no tiene los mediocampistas para ese juego. Si arranca así un partido, estará más cerca de la goleada en contra que del triunfo. OK. Pero es una variante válida para SORPRENDER faltando 20 minutos, más con Marcelo Cardozo consumido por los nervios. San Esteban por el negrito y a jugársela. ¿Por qué no?
Sosa, Alonso, los delanteros en general, aparecen cuestionados. Pero, ¿no les dió lástima ver a Pipino encarar y a Alonso esperando como náufrago en la soledad más absoluta? Los mediocampistas no pisaron el área, solamente Rinaudo se generó una situación de gol. El técnico trabajó en la semana con Sosa-Alonso. ¿Por qué no las dos torres? Más allá de que el equipo no estaba bien, ¿no sobraba un 5? a los 32 minutos entró Niell, ¿por qué no antes?l A esta altura, sirve más ganar y perder que sumar de a uno, porque la "tranquilidad" que brindó Colón se esfumará cuando los tucumanos sumen de a tres. Y en un par de semanas, este equipo tendrá que aflorar toda su hombría en la búsqueda de garantías que hoy no ofrece.
Si quieren hablamos de jugadores: Cardozo está mal, Messera es enganche o nada, Maldonado sacó el guaraní de adentro cuando la cosa no caminaba, Ormeño -con errores- marcó un camino, Cuevas intentó siempre. Más allá de nombres propios, de éste o aquel jugador, Gimnasia ayer careció de un golpe de timón. Leonardo Madelón es un buen técnico, tendrá sus razones. Pero así, dependiendo casi pura y exclusivamente de la vida de San Martín, estará más cerca del arpa que de la guitarra. Una angustia, un miedo, que este equipo no se debe permitir.
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