François Marin es profesor de lengua en una escuela secundaria francesa. Tiene actitud. Escucha a sus alumnos. Tiene entusiasmo por la educación. Da la palabra a los alumnos. Utiliza una didáctica ejemplar. Da importancia a lo que estos pequeños estudiantes tienen para decir. Trabaja el modelo aproximativo, la panacea en pedagogía. Defiende a sus alumnos. Además, la escuela cuenta con un sistema supuestamente bastante democrático: para decidir si hay que echar a un chico o no, se reúne una junta de padres, profesores, directivos y alumnos. Estos últimos también participan en la definición de los boletines. La institución cuenta con todos los recursos necesarios para su tarea. Hay lugar para discusiones elevadas de los profesores. Los chicos no parecen ser más problemáticos que los de cualquier escuela argentina. Pero a pesar de todas estas características que les podríamos envidiar a los franceses, todo se derrumba, fracasa.
Laurent Cantet parece decir que el campo de la educación es tan complejo que ni siquiera con un estudio tan delicado como el de esta película podemos sacar algo en claro, qué hacer, un rumbo. Es más, Entre los Muros busca desconcertarnos, dejarnos desamparados ante este monstruo. Pero esta vez el monstruo no es un alumno, el chico malo, ni todos los alumnos con los que un profesor indefenso tenga que “lidiar” en un aula peligrosa. El monstruo aquí es todo el sistema. Al que no tenemos idea cómo domar, al que pensamos que alguna vez hemos domado.
Argumentos y emociones vivas que la película propone filmados con un naturalismo que atemoriza. Las dos o tres cámaras utilizadas dan sensación de estar en vivo. Casi nos olvidamos que se trata de actores, tal vez porque no lo son del todo realmente. Y, sin embargo, es un excelente ejemplo de cómo hacer interesante la vida rutinaria y tediosa de la escuela (a la que por supuesto todos odiamos) y generar una expectativa como cualquier película “de juicio”.
Entre los muros nos plantea un problema pero no nos deja entre la espada y la pared, entre una institución donde le demos más importancia a las normas, a lo burocrático o una institución donde prevalezca lo social y lo afectivo… mas bien nos deja solos en el desierto, sin saber para donde agarrar.
Tal vez el objetivo de la escuela sea el conflicto mismo, la propia confrontación de los jóvenes hacia la institución.
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