“No me gustan nada las intrigas en el cine: se pierde mucho tiempo en contarlas”
Claude Chabrol
Esta vez Robert Langdon tiene que descubrir el misterio de 4 obispos secuestrados en plena elección del nuevo Papa. La cantidad de secuestros tiene que ver con los 4 Elementos: Tierra, Aire, Fuego y Agua. Tom Hanks, luego de una larga seguidilla de pistas, huellas y signos encuentra al primer cura muerto y con una marca en el pecho donde se lee la palabra “TIERRA”. Desde ese momento nos damos cuenta claramente que esta situación se va a repetir 3 veces. O sea, eso que vimos durante 20 minutos se va a suceder 3 veces más. Es necesario que se repita. La película se obliga a sí misma a repetirse. Es presa de tomarse una hora y media para contar 4 veces lo mismo para que finalmente de desentrame la intriga. Todo esto deviene en que el film dure más de 2 horas.
Nos gustan las intrigas. Y calculo que a Chabrol también, pero el problema al que él se refería es cuando sólo avanza la intriga pero no la película. Entonces, en esos casos, parece que el director se ve obligado a perder tiempo explicando la película. Pierde tiempo el espectador. Todos perdemos tiempos. Aquí es cuando una película que “entretiene” empieza a significar “una película para pasar el tiempo”, o peor aún “una película para matar el tiempo”. ¿Por qué podemos querer que el tiempo pase? ¿Por qué querríamos matarlo?
Por suerte el montaje frenético y de alta frecuencia desconcierta y no nos deja entender del todo algunas acciones como llamando a la confusión para que no demos cuenta de sus defectos.
Es verdad que los cines son, a veces, casas de olvido, pero, quizás, podríamos empezar a ver películas con algún otro objetivo que justifique el valor de la entrada. A pesar de todo, Ángeles y demonios se deja ver con estos otros objetivos, que pueden ser sólo odiarla o emitir un juicio y entonces quizá llegar a disfrutarla y así, tal vez, a amarla. Aunque más no sea para no deprimirnos tanto. El olvido viene solo.
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