Tres veces por semana, un equipo multidisciplinario trabaja con cada uno de los 16 chicos que concurren a la Fundación 4 de Marzo. Sus edades van desde los 4 hasta los 29 años, con patologías tan variadas como autismo, sindrome de down, transtorno generalizado del desarrollo, paralisis cerebral, deficit intelectual, deficit motores secundarios a traumatismos, entre otras.
La gran hacedora de esta obra -que le cambió la cara al predio y mejora la imagen institucional- es la Presidente de la Fundación, Patricia Quiroga Yalet. Junto a ella trabajan día a día un importante grupo de profesionales y voluntarios: Barbarina Vismara Marta, licenciada en Psicologia; Ana Lucia Grillo, estudiante avanzada en Psicologia; Maria Julia Buzeki, estudiante avanzada en Medicina; Manuela Lopez, profesora de equitacion, curso posgrado en equinoterapia; Nicolas Bortolamedi, instructor en equitacion; Malena Castillo, instructora y estudiante de Docencia en Capacidades diferentes y Mercedes Caldentey, masoterapeuta, estudiante de Kinesiologia. Además colaboran Héctor Giménez y Vicente Sánchez.
Si bien la Fundación tiene 7 caballos, por su edad y trabajo solamente 3 son utilizados para Equinoterapia: Luna, Estrella y Paca. Con ellos se trabaja en la rehabilitación motriz de los chicos e incluso en la propia confianza de aquellos niños que no pueden montar pero sí realizar tareas de cuidado del caballo, logrando seguridad. Con el caballo, el paciente puede adaptarse, mantener el equilibrio, mejorar su postura y lograr la rehabilitación de los grupos musculares comprometidos. Durante la caminata se practica con aros, pelotas y otras actividades recreativas, fomentando además el aprendizaje de los colores, letras y signos. Tres profesionales acompañan a los chicos en el trabajo de pista.
Mediante las interconsultas y el trato con el paciente se intenta mejorar en forma conjunta y GRATUITA la realidad de cada uno de los chicos.
La Fundación 4 de Marzo no es Gimnasia, pero mediante la ayuda mutua los boxes y pistas del Hípico dejaron atras el abandono para ser un placer y agregarle vida al predio. Aquel lugar donde decían que solamente crecía pasto mejora la calidad de vida de los chicos y -sin dudas- levanta la imagen institucional, tan golpeada en los últimos años.
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