La situación es muy compleja. A los jugadores, la intermediación de Futbolistas Argentinos Agremiados en el cobro de la deuda se les volvió en contra. Fue un boomerang. Por eso, la deuda documentada -abril, mayo, junio, julio y aguinaldo- recién la cobraran con cheques del gremio a partir de julio de 2011. Para diez jugadores, los de mayor experiencia, la situación es peor: solamente cobraron enero y agosto. Nada más. Y ya saben que setiembre, octubre y noviembre serán problema de otros.
La deuda no se termina con los jugadores. Al contrario. A los empleados le deben dos meses y el medio aguinaldo. Y hay que pensar que el portero, el utilero, el administrativo o quien corta el pasto en el tractor no tienen el plafond económico de un Sessa o un Casas. Tampoco cobra el cuerpo médico. Menos aún Fernando Gayoso o Mario Díaz. Ahí no hay documentos, hay lisa y llanamente deuda.
Al Flaco Morant la situación lo supera. Se siente responsable por su gente, por los técnicos y profes que están cuatro meses abajo. La solitaria presencia de Gisande no alcanza. Por eso y por los resultados esquivos pensó más de una vez en dar el portazo. Pensó en decir "hasta acá llegué". En el adiós.
Panorama negro. La situación financiera es terminal. Héctor Delmar, Carlos Gaskín o Daniel Papasodaro deberán afrontarla. Para poner en marcha sus proyectos, necesitan dinero fresco. Mucho. 12 millones de pesos como mínimo para afrontar deudas, realizar incorporaciones y contratar un técnico. El único objetivo debe ser continuar en primera división.
Gimnasia está muy mal. El dinero es imprescindible, pero cuidado con el verso de la billetera gorda. Que la necesidad no tenga cara de hereje. Si eso pasa, Gimnasia no solamente estará descendido institucional, economica y futbolísticamente. Habrá perdido la memoria y vendido la dignidad al mejor postor.
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