Con el trágico fallecimiento de Jorge Bibiloni -que, como se informó en la edición de ayer, ha provocado un fuerte impacto en distintos círculos platenses- la Ciudad pierde a un destacado profesional y a un vecino caracterizado que supo descollar en la práctica del ajedrez.
Integrante de una tradicional familia platense, Bibiloni había nacido en nuestra ciudad el 7 de junio de 1950. Cursó sus estudios primarios en la Escuela Anexa y los secundarios en el Colegio Nacional. Antes de iniciar la carrera de Derecho en la Universidad Nacional de La Plata, viajó a Estados Unidos donde complementó su formación académica en los años de juventud.
Bibiloni fue una figura multifacética. Hombre culto, de modales refinados y elegantes, era un amante del arte, especialmente del cine y la literatura. Admirador de Bergman y de Chaplin, fue -además- un estudioso de los autores clásicos. Sabía combinar con entusiasmo, y al mismo tiempo con equilibrio, varias pasiones: el ajedrez -una disciplina en la que llegó a ser figura destacada-, el tenis -que practicó con constancia durante décadas-, el arte, la sociología -por la que sentía un especial interés- y, por supuesto, la abogacía, a la que consagró su vida profesional.
Vivió con intensidad esos mundos diversos que lo fascinaban. Y fue así que se vinculó con personalidades del arte y del deporte. En el ajedrez se dio grandes gustos y jugó de igual a igual con figuras de relevancia internacional. Alojó en su casa de La Plata al gran maestro Bobby Fischer en una de las visitas que realizó a la Argentina en su época de esplendor. Por el deporte y por el arte, recorrió el mundo. Jugó al ajedrez en Rusia y participó del Festival de Cine de La Habana, por mencionar apenas algunos ejemplos de su vida intensa y multifacética.
En el plano profesional, su primer trabajo como abogado fue en la Suprema Corte de Justicia provincial. Allí inició una carrera que luego se afirmaría en el ejercicio independiente de la profesión. Fue, durante muchos años, abogado del diario EL DIA. Experto en sociedades, tenía una gran versatilidad y una reconocida solidez en el manejo de las cuestiones jurídicas.
Con una sólida formación intelectual, siempre cultivó la sencillez y el bajo perfil. Era un conciliador y un hombre con una gran capacidad analítica. Generoso en el trato con los demás, era ameno y respetuoso. Fue así que cosechó afectos y reconocimiento en todos los ámbitos en los que actuó.
Hijo del ingeniero Jaime Bibiloni y de Norma Núñez, Jorge tuvo tres hijos: Francisco, María y Fernando. En todos ellos inculcó la vocación por el estudio, por el deporte y por el arte.
Con su prematuro fallecimiento, ocurrido a los 60 años, la Ciudad pierde a un hombre de conducta y de valores que, en todas las actividades que emprendió, deja una marca de seriedad y de compromiso.
Sus restos fueron inhumados ayer en el cementerio municipal.
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