Nada tuvo que ver Racing en el episodio, más allá de que lejos estuvo de ser una noche amigable. Esta con final horrible es otra historia de marginalidad que roza el fútbol, pero no tuvo que ver con cruces de hinchadas. Ahora vendrán los análisis, que Goñi era conocido en Berisso, que paraba con la barra de la Villa, que frecuentaba pero no integraba la 22. Ya no importa. Está muerto.
Después, en la vuelta a La Plata, los enfrentamientos con la policía. Un infierno en las estaciones Quilmes y Berazategui. Drogas, alcohol, corridas, destrozos, robos, balas de goma y gas pimienta en los vagones del tren. Lo de siempre, corregido y aumentado. Muchos de quienes tienen kilómetros y kilómetros de vías futboleras, del ritual peligroso de ir a la cancha en tren, lo vivieron como un viaje interminable. Una noche de descontrol. Una pesadilla que para muchos terminó cerca de las 4 de la mañana, cuando la vuelta a casa era un hecho.
Para todos, menos para un pibe del barrio Juan B. Justo.
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