Nadie lo imaginó aquel 26 de noviembre del 95, cuando pisó el Gigante de Arroyito. Ni siquiera él. El grandote que venía de All Boys de La Pampa y que había estado en Independiente tenía algo, lomo de goleador, pinta de buen tipo. Nadie sabía que tenía pasta de ídolo, que iba a tener el corazón azul y blanco...
Fue el primer goleador tripero de un torneo argentino, en el Clausura '98. El destino marcó Udinese, Boca, la vuelta al Lobo en 2003, Ascoli, Messina, la idolatría en un Nápoli al que encontró en C1 y lo dejó en Serie A. Los tifossi lo adoraban, pero el Pampa sentía que Gimnasia lo necesitaba. El corazón tiene razones que la razón no entiende. Prometió que volvería y cumplió. Venía mal la mano y quería estar, aún antes de que alguien lo buscara. El 2 de mayo de 2008 anunció que volvía a casa. "La verdad estoy muy contento de que las cosas se hayan dado así. Gimnasia está mucho más arriba de los nombres, sea Gisande o Sosa. Yo traté de no escuchar otras ofertas y decidí con el corazón".
Sufrió. Como todos. En la cancha, más que ninguno. Para bien y para mal, era un hincha con la camiseta puesta, pintada en la piel. Le dolió cada gol errado, cada murmullo, cada error, cada punto perdido. Los gritos en Liniers y en Nuñez no alcanzaron y debió sufrir desde el banco, donde todo se vé peor. El corazón lo traicionó más de una vez, si hasta quiso pelearse en Rafaela. Blanco y negro. Jugada de gol y expulsión. Así fue todo, sin medias tintas. Lloró y festejó. Esa imagen, llorando como un chico abrazado a Teté González es el póster de aquel 12 de julio inolvidable.
Ahora te escribo a vos, Pampa. Después, todo fue diferente. Hasta habrás pensado que ese día no había existido, que te habías ido al descenso. Muchas cosas se manejaron mal, todos hablaron pero nadie se animó a decir. Primero bronca, después desilusión. Dolía no escucharse en la lista de concentrados, Pampa. (¿Qué me dicen? ¿Qué es un profesional, que cobraba un muy buen sueldo? Sí, es cierto. ¿Qué no jugaba? También. Eso no cambia nada, déjenme seguir). Titular en Tucumán en medio del miedo. Las ilusiones se te fueron desvaneciendo en este 2010. Soñaste y la realidad te dió un cachetazo. Cada partido fue un puñal, hasta este último. No necesitás decirlo, querés una revancha. No querés decirlo, pero íntimamente sabés que te vas. Y estos 15, 20 o 30 minutos contra los tucumanos no te alcanzan para borrar 18 días de tristeza. Estás triste, Pampa. Se nota. Y duele. El miércoles, el Bosque vacío fue testigo: por primera vez no disfrutaste recibir una pechera...
El sábado va a ser diferente. No te van a cambiar el sentimiento esos 15, 20 0 30 minutos. (Yo esperaba que fueras titular). Tampoco si aparece el grito esquivo. Pero te va a emocionar el roce de la camiseta con la piel, la caminata desde el túnel mirando a los ojos a tu gente, los aplausos que van a ser como abrazos. Y si podés vas a pensar lo que me dijiste una y otra vez, que lo único importante es Gimnasia. Y ahí vas a pensar en Gimnasia. Y el miércoles. Y el otro domingo...
Pampa, vos sos parte de Gimnasia. No sos un ídolo lejano, sos uno más. Y ese es un reconocimiento impagable. Si alguna vez te lastimaron, si sentiste que alguien no te respetó, PERDÓN.
Y GRACIAS.
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