La cabeza está a mil, a punto de estallar. Los recuerdos son en blanco y negro, flashbacks de película. El 12 de julio. La primera vez que fuiste a la cancha, con Estudiantes de Caseros en el '82. El Torneo Centenario. Los '90. el ascenso. Tu viejo, que ya no está. El olor del Bosque. Las lágrimas. Los gritos de gol. El 3 a 1 en el clásico. El año pasado que creíste que no se iba a repetir...
Mordí el anzuelo una vez más canta el Indio desde el parlante. Querés putear. "Que se vayan todos", pensás. Culpables e inocentes. No hay héroes en este lío. Pensaste que después de aquella tarde todo iba a ser distinto, pero no. Te equivocaste. Se equivocaron. Ahora son 90 minutos. Desahogo o pozo sin fondo. Las cosas como deben ser o un infierno que de encantador no tiene nada. 90 minutos...
23 de mayo. No importan los dirigentes, los jugadores, el técnico. Sin nombres propios, no hay lugar para fans clubs. Es Gimnasia. Se juega la vida. Sin milagros. Ganar es un deber. Ganar es lo único importante. En las tribunas, azul y blanco. La bandera, la camiseta, el escudo, las únicas pasiones del triperío. Ellos ya cumplieron.
Ahora les toca a ustedes.
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