El plan iba saliéndole perfecto. Sin embargo, hubo un detalle del que no se había percatado: cuando realizaba la "entradera" a ese inmueble junto a la empleada, a las 8.40, a la casa de calle 54 entre 29 y 30, la situación fue advertida por alguien del barrio que no tardó en avisar la novedad al 911.
Breves minutos después, personal de la comisaría cuarta llegó a esa cuadra y uno de los policías tocó el timbre de la vivienda, en pleno asalto con los rehenes en su interior. El delincuente consultó entonces a la pareja damnificada -conformada por Rubén Barcia (59) y Noemí Gómez (62), abogada- si sabía quién podía ser la visita. Pero como le aseguraron desconocerlo, decidió él mismo ir a atender a la puerta, suponiendo que sería una persona a la cual también reduciría y la sumaría al resto de sus víctimas.
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