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"Ni un Mesías ni un salvador"

Por Redacción

     Una locura. Casi 8 mil triperos le dijeron a Guillermo Barros Schelotto "Melli, bienvenido a casa". La aparición del Mellizo tras la ducha en la Casona fue la salida de Gimnasia por el túnel cualquier domingo de cancha. Un espectáculo fantástico. Emoción, alegría, sensaciones que se mezclaron para los hinchas del Lobo. Un único objetivo. Cacho Delmar le puso palabras al sentimiento: "Esta alegría ustedes la merecen, porque aquí en el club se terminaron los sufrimientos".
     Hacer un buen torneo. Terminar con el sufrimiento. Parecen los únicos objetivos, pero no lo son. Guillermo tomó la palabra y dijo mucho. Habló de identidad. Merodeó el pasado. “Gimnasia tiene que volver a tener identidad, la que perdió durante 13 años. Nos dejaron a un paso del abismo. El peor momento para volver era este, nunca estuvimos tan mal como hoy”.
     No fue una decisión fácil decirle Sí a Gimnasia. Íntimamente, siempre tuvo la respuesta favorable. Sabe que pone en juego el bronce, que para algunos tal vez cambie la imagen de aquel jugador impactante. Sin embargo, volver a casa tiene motivos claros. “Hay muchos motivos, el principal para que deje de sufrir, quiero que Gimnasia reviente los estadios cada domingo. A Gimnasia lo salva la gente, el DT y los dirigentes. Nos dejaron a un paso del abismo y si había un momento era este. A Gimnasia lo va a salvar Gimnasia, yo no soy ni un Mesías ni un salvador”
     “Agradezco a Cacho y Angel, me costó por mi edad, porque no soy el salvador, sé que es algo voy a ayudar. Trataremos de poner a Gimnasia como cuando Cacho dejó de ser presidente. Sino logramos el objetivo, por lo menos pusimos pusimos la cara y nos matamos por Gimnasia. Esto lo hacemos todos juntos, el que se puede acercar a la Comisión que lo haga, cualquier ayuda es buena. El equipo lo hará en el campo y ustedes desde las tribunas”. Así habló el Mellizo. Mucho más allá del jugador que será.
     Además, Guillermo recordó los lazos de su familia con Héctor Delmar. "En el 83 mi viejo tuvo que firmar para que no intervengan el club, lo llamo a Cacho para que ponga la cara y ascendimos, y hoy estamos en Primera". Por eso, esta respuesta del Melli era esperada. "Cómo no le iba a decir que sí a Cacho", comentó.
     Hay quienes seguramente aconsejaron al Mellizo el No. Fueron los menos. “Lo lógica era decir no, estoy grande, pero creo que puedo jugar el técnico decidirá si juego, 5 ,10 o 20 minutos o todo el partido. Hace 4 años que me fui, mientras no acumule minutos no puedo decir en qué puedo ayudar, en algo voy a ayudar con 20 años de profesional, aunque sea en confianza a un compañero, aunque sea poner la cara. Van dos prácticas. Me sentí bien, pero estamos en el medio de la pretemporada, el análisis de cómo uno se siente tiene que ver con el día anterior, así que mucho no puedo decir.”
     Ya está. Regresó a casa. Seguramente, esta fue una jornada muchas veces pensada. Soñada. “Lo soñé mucho pero tenemos que estar juntos, no tengo que pelearme con nadie. Lo que pasó está claro, pero no hay que ir más para atrás, hay que crecer."
     La idolatría en Boca no opacó los recuerdos ni el amor por su club.“Haber estado en otro equipo no significa que olvide lo que viví del 85 cuando empecé en inferiores hasta el 97, lo tengo muy presente. En mi casa tengo un cuadro con una carta que entregó me Luis Díaz cuando me fui a Boca y la leo permanentemente, me trae muchos recuerdos.”
     Por último, Guillermo se refirió otra vez a su objetivo en Gimnasia. “Tenemos que recuperar la identidad, si nos juntamos estamos para reventar todos los estadios, ganemos o perdamos. Que la gente acompañe, nosotros nos vamos a matar para que Gimnasia se quede en primera". Otra vez la palabra. IDENTIDAD.
     Señores, Guillermo volvió a casa. Ahora, con Ángel Cappa en el banco, con Guillermo como bandera, con Sessa, con los refuerzos del Maestrico González, Pacheco y Boris Rieloff, la imperiosa necesidad de que Rinaudo sea el 5, más Agúero, Aued, el pibe Sapetti, los goles de Córdoba, el talento de Neira, Gimnasia necesita ser un equipo. El Lobo necesita de todos. Para, de una vez por todas, ver un horizonte diferente. Juntos.
Foto Alex Meckert (El Día).


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