Quien lo conoce sabe que Gastón Sessa nada tiene que ver con lo que muestra en la cancha. El "villano" durante 90 minutos es un tipo abierto, generoso en el trato fuera de la cancha. Con errores, porque nadie es perfecto: por eso Fontanarrosa escribió que "no podés ser ídolo si sos demasiado perfecto". Todos tenemos algún renuncio. Sessa trabaja de jugador de fútbol y cobra por su trabajo. Porque lo hace bien, cobra mucho. En Gimnasia, parece que si sos del club, tenés que cobrar poco o no cobrar. Y las palabras "ladrón", "viejo", "mercenario", "terminado" asoman a la orden del día.
No puedo olvidarme de las lágrimas del Gato aquel 12 de julio. Tampoco, de lo que vivieron el Tornado y él contra Boca en esa misma temporada. Ver tipos de treinta y pico llorando habla de buena madera, de amor propio, de compromiso con los compañeros, de querer la camiseta. Un mercenario no hace eso. No hace nada.
Gimnasia está mal. Nadie lo duda. Hay cientos de responsables. Gastón Sessa NO es uno de ellos. Estoy convencido de que merece muestras de cariño. Igual o más que él, Guillermo Barros Schelotto, Guillermo Sanguinetti, Sebastián Romero, Diego Alonso, Pedro Troglio, Mariano Messera, Jorge San Esteban, Roberto Sosa, Leonardo Noce, Gustavo Barros Schelotto, Esteban González, Darío Ortíz, Gonzalo Vargas, Andrés Yllana, Pablo Morant. Eso, entre los contemporáneos. Ni hablar de Antonio Rosl, Diego y Daniel Bayo, Carlos Minoián, Ricardo Rezza, Chirola Pignani, Ricardo Kuzemka, Carlos Carrió. Y los nombres siguen...
Sin embargo, al decir de Minguito el hincha "te hace un monolito o un buraco 'así'". Soy un convencido de que el tiempo pone las cosas en su lugar. Que queda algo más que la pasión circunstancial que enceguece. Que quedarán estos nombres en el recuerdo y no el grito de "No te olvidés que fuiste tripa alguna vez" para Alejandro Delorte, el "Sapo, Sapo" para Encina o aquel "Nacho, gracias por quedarte" que rezaba la bandera para Piatti.
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