Qué nadie se quede en la anécdota de la picardía. Qué parló a baldassi, que inventó el penal, que enfrió el partido... Guillermo Barros Schelotto fue el jugador de mayor jerarquía dentro de la cancha. Cuando el Maestrico González no se podía sacar el viaje de encima, cuando a Juan Neira no le salía lo que tiraba, cuando Aued no podía, cuando Germán Pacheco lidiaba con su falta de olfato goleador (no es un tiburón, no huele sangre), Guillermo estaba. Para tocar, para leer el partido, para tirarse atrás, para poner pases bochinescos, para traerse un punto que parecía un imposible.
Esta noche Guillermo Barros Schelotto cumplió el sueño de muchos. "Un round más" decía Rocky Balboa. En realidad, quedan 18 batallas de Stallone, pero en la piel de Rambo. Con la cinta de capitán y una camiseta número 7 como estandarte, Gimnasia va a la guerra.
Guillermo -así, a secas, ya nadie necesita el apellido- es uno de los grandes jugadores de la gran historia del fútbol argentino. Para que nadie tenga dudas, hoy demostró que corriendo menos y pensando más puede ser vital para Gimnasia.
Un monstruo.
Alguien dijo una vez
que yo me fuí de mi barrio,
¿Cuando? …¿¡Pero cuando!?
¡Si siempre estoy llegando!
y si una vez me olvidé,
las estrellas de la esquina de la casa de mi vieja
titilando como si fueran manos amigas,
me dijeron: gordo, gordo, quedáte aquí...
quedáte aquí...
(Nocturno a mi barrio, Aníbal Troilo, 1968).
Foto Prensa Gimnasia
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