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"La vida privada ha sido usurpada por lo público"

Rodolfo Rabanal

Por Redacción

En su retorno a la narrativa, Rodolfo Rabanal compone un personaje que hace de la percepción fragmentaria del mundo un modo de conocimiento tributario de una política de la lengua realista y a la vez experimental y urbana.

En La vida privada (Seix Barral), `el que percibe` (el genérico con que se conoce al narrador) se desplaza morosamente por una zona de Buenos Aires, entre Congreso y el Bajo, vertebrada por la Avenida de Mayo, conjeturando aventuras amorosas propias y ajenas, a la manera de un `flaneur` obsesionado por una vecina francesa que será un enigma hasta el final.

Rabanal trabajó entre 1981 y 1983 como traductor en París, para la Unesco. Es periodista y publicó El apartado, Un día perfecto, En otra parte, El pasajero, No vayas a Génova en invierno, El factor sentimental, La vida brillante, Cita en Marruecos y Los peligros de la dicha.

Además, los ensayos La costa bárbara y El roce de Dante, y las novelas La mujer rusa y El héroe sin nombre, además del guión cinematográfico de "Gombrowicz o la seducción", llevado al cine por Alberto Fischerman.

"Esa zona de la ciudad -donde se sitúa la acción de su última novela, entre Tacuarí y Avenida de Mayo- "es fascinante, porque era esplendorosa, y su decadencia no lo es menos. En este momento es una zona ideal para ambientar una novela como ésta", cuenta el escritor.

¿Por qué? "Por varias razones, con una en particular que quería subrayar: el libro juega con el lenguaje; sin dejar cierto despojamiento, abundan giros y palabras de uso masivo, popular, que le dan al texto un aire experimental, de mezcla, que también es la mezcla de lenguas y personajes que hoy día circulan por esa zona".

NADA PRIVADO

En La vida privada, la paradoja es que no hay nada privado, que si no todo está a la vista, podría estar a la vista sólo con ponerse a investigar, que es lo que hace `el que percibe` cuando detecta la presencia de una vecina, francesa, que una noche le solicita auxilio y luego desaparece.

Rabanal cuenta que su familia "tenía un despacho por esa zona. Cuando era chico siempre me traían al centro, a mí me fascinaba. Así conocí a cantidad de republicanos españoles, y departamentos de la avenida de Mayo, fascinantes, que a uno lo hacen sentir en Milán. Pero claro, actualmente son espacios que han pasado de la elegancia al abandono", describe.

Entonces, "todo o mucho parece privado pero es público... ¿qué mejor para un solitario paseante a la deriva? Porque a esa zona, a esos departamentos, les quedó una cosa rumbosa, ajada, atractiva. Es la Buenos Aires más decadente", asegura el narrador.

Teresa Monsalvo, personaje clave de un relato quebrado en el tiempo, articula el pasado y el presente con sus tangos, sus comidas y sus módicas bacanales, aumentando la expectativa del protagonista sobre un futuro incierto, bajo el que no quiere capitular, tal como no lo hace el protagonista de Un día perfecto, un náufrago que ama de sí mismo sus condiciones para soportar el naufragio.

En la novela, sin embargo, según Rabanal, "no hay marcas de época, aunque los personajes claramente pertenecen al mundo de hoy. Son algo anacrónicos, intercambiables, podrían vivir en el centro de cualquier ciudad".

"Pero el anacronismo se produce cuando voy al pasado, al mundo de los milongueros, en Pompeya, esa atmósfera, ese lenguaje es el que intenté recrear, inventar, sacar de lugar, desplazar. Extrañeza es una palabra que podría definir a estos seres perdidos", dijo el escritor.

Ese es el mundo "donde me crié, el mundo del primer peronismo, el sujeto, `el que percibe`, es un hijo extrañado de ese mundo, alguien que vive una aventura introspectiva. Consideremos que la única cosa no introspectiva, y no lo sabemos del todo, es su amor por la francesa".

"Y la curiosidad por esa suerte de amante del cura que él mira desde la azotea, el único espacio que imagina privado. Eso sí es introspección pura, nunca queda claro si existe o no, o si es una invención de su mente", agrega este seguidor de la poesía de Wystan Hugh Auden.

Para Rabanal, "la belleza del mundo también es su crueldad, su desafío de desorden; si no, no podríamos concebir absolutamente nada, tenemos que sentir que estamos amenazados. En la azotea él se siente libre".

Y a la vez, se da cuenta de que "no queda nada privado, que la vida privada es pública, ha sido usurpada por lo público. La vida privada es un sueño. Para mí, es la nueva utopía, la utopía de estos tiempos modernos", deslizó.

Pablo E. Chacón

La vida privada

Autor: Rodolfo Rabanal

Editorial: Seix Barral

Páginas: 192

Precio: 69

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