Gimnasia no hizo nada del otro mundo frente a River. En un pésimo campo de juego, cuando no pudo jugar -la mayor parte de la noche- metió. Y con entrega, porque ningún jugador se guardó nada más allá de jugar bien o mal, emparejó el partido contra un equipo que es menos de lo que parece. Cien por ciento actitud, si Gimnasia entiende que este es el camino, habrá perdido puntos vitales (con Huracán) por jugar más livianito, por creer en una técnica que el equipo no tiene.
El juego en sí fue uno más de este muy flojo torneo argentino. Fabián Rinaudo fue el mejor jugador de Gimnasia. Peleó el medio hasta la extenuación, tuvo despliegue, hasta llegó a mostrar el camino ofensivo del equipo. Después, las buenas intenciones de Alejandro Capurro, la seguridad de Fernando Monetti -que no atajó una sola pelota de gol- y Milton Casco más afianzado como titular. La figura de la noche, por una sola pelota atajada a todo reflejo fue Carrizo. De todas maneras, no alcanza para hablar de merecimientos más allá de la convicción de Ángel Cappa de haber sido mejores que el líder del campeonato. Parrafo aparte para Guillermo, que volvió bien y en una jugada -lateral rápido para Lucas Castro- demostró estar metido y ser más ágil mentalmente que todos sus compañeros.
Más combativo, con las líneas más cerca, el Lobo no negoció el esfuerzo. Ahora, debe ganar. ¿Podrán volver a jugar Neira, Guillermo y otro punta como en las primeras fechas? Parece un hecho que el Melli jugará por Vizcarra el próximo domingo. Cappa cree haber encontrado -otra vez- el once titular. Necesita sumar de a tres para que esta entrega brinde la posibilidad de abrazarse al último madero del naufragio, para que el último grito no sea "Vamos a volver".
Foto Prensa Gimnasia
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