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“Hay que volver a la escuela en la que el docente sea la autoridad”

Gustavo Iaies, uno de los educadores más consultados en la Argentina, habla del deterioro en la educación. “Los docentes no deben ser pares de los alumnos”. La responsabilidad del mundo adulto

“Hay que volver a la escuela en la que el docente sea la autoridad”

Por Redacción

Por MARCELO ORTALE

“Creo que hay una crisis de fondo del sistema educativo. Si nos hubiéramos preguntado hace treinta años para qué servía la educación, hubiéramos respondido para crear a una persona cabal, para que esa persona forme después una familia, para tener adultos responsables. Estas eran las columnas básicas, pero todo cambió ahora y los conceptos de persona, de familia, de sociedad adulta, todo eso entró en crisis”, dice Gustavo Iaies, uno de los educadores más consultados hoy en la Argentina, que asesora a los ministerios de Educación de Chile, Ecuador, Colombia, Paraguay y de numerosas provincias de nuestro país.

¿Pero desde dónde se puede emerger, si la crisis abarca a toda una sociedad? ¿Por dónde se sale de ese círculo vicioso? “Creo que justamente ese debiera ser el rol más trascendente de la escuela en la actualidad. La escuela tiene que ser contracultural, como lo fue la sarmientina. A partir de ella se puede emerger”.

Ocurre que, sin embargo, la educación se encuentra muy deteriorada. “En la escuela -como en la sociedad- todo está en discusión, nada es evidente y hay mucho malestar porque no hay nada muy claro. Tomás una medida y vienen los padres a protestar, o el mismo directivo duda de la norma que tiene que aplicar”.

De ascendencia lituana, este hombre cuyo apellido se forma con cuatro vocales y una sola consonante -”cuando mis ancestros llegaron al país faltaban consonantes en el mercado...”- se graduó en la licenciatura de Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional de Buenos Aires y en la maestría de política y administración de la educación en la Universidad de San Andrés. Dirige la Fundación Centro de Estudios de Políticas Públicas, dicta cursos y fue subsecretario y secretario de Educación en el período 1999-2001. Es autor de libros -”Los debates de la política educativa en el nuevo milenio”- y de numerosos artículos periodísticos.

¿La crisis en la educación se asemeja entonces a la crisis en la familia?

“Sí, se parecen. Antes era común que un hijo o una hija dijeran yo quiero ser como mi mamá. Ahora los hijos tienen madres con culpa, se manejan entre adultos con culpa. Los padres quieren ser iguales, pares de sus hijos y eso no puede ser. Eso mismo es lo que suele pasar con los docentes y sus alumnos. Los docentes no deben ser pares de los alumnos. Y no deben serlo, porque entones el alumno, el chico se queda solo. Este es un típico problema de los adultos, me refiero a esto de creer que los que tenemos entre 15 y 60 años de edad, siempre tenemos 20 años. Esto ha creado una sociedad necesitada de adultos, personas que fijen un orden. Pero no, los chicos se crían en un mundo en donde todos queremos ser divertidos. Ahora bien, si todos somos divertidos, entonces, ¿el chico con quién confronta, con quién pelea? El error del adulto es creer que si se pone blando va a evitar la pelea con el chico. Eso es trastocar gravemente los roles”.

¿Qué significa pelearse o confrontar con los chicos?

“Me refiero a la necesidad de que se fijen pautas de comportamiento, leyes claras. Cuando nosotros éramos chicos, claro, estaba prohibido fumar en el colegio. No importa, igual íbamos a fumar a los baños, lo hacíamos, sí. Pero sabíamos que si nos descubrían nos iban a castigar. Y nos iban a castigar fuertemente. Los chicos sabían bien qué pasaba si cumplían o si incumplían con las reglas. Existía un orden nítido. En realidad, sin decirlo, los chicos piden esa claridad. Y como no la encuentran, lo que en definitiva ocurre es que una escuela así, desordenada, termina perjudicando más a los que no están bien formados en su familia, a los que tienen menos recursos”.

Pero este cuadro de situación que usted pinta, ¿cuándo empezó? ¿Es relativamente reciente?

“No, no es reciente. En la década del 60 empezó la llamada adaptación, el período de adaptación para ingresar a los jardines de infantes. Me refiero a esos días en los que la mamá tiene que ir junto con su hijo al jardín. Bueno, es el único país del mundo en que existe el llamado período de adaptación. No está previsto en Francia, ni en Alemania, ni en Inglaterra o Estados Unidos, ni en ningún país que cuente con un excelente sistema educativo. Aquí se lo hizo con la idea de redimir al chico de lo que se llama el desgarramiento. Pues bien, eso marca o define un poco las cosas, nos da un ejemplo apto para dar cuenta de cómo pensamos. Todos los chicos del mundo sufren ese primer día de desgarramiento. Nosotros no delegamos en la autoridad docente ese primer encuentro del chico con las aulas. A partir de allí se suceden muchos equívocos”.

¿Existe además una mala preparación en las escuelas?

“Existen estudios demostrativos de lo que ocurre con los chicos del secundario, cuando egresan y consiguen un trabajo. Bueno, el 65 por ciento de esos chicos pierden el trabajo en el primer año, lo dejan porque no pueden enfrentar las exigencias. Exigencias propias del mercado, me refiero a horarios, a cumplimiento de distintas reglas. Estamos preparando (a los jóvenes) en modelos muy flexibles, muy negociadores, para un mercado que no es flexible. El mercado -la vida adulta- es inevitablemente más duro y competitivo. ¿Cómo haremos entonces para prepararlos para ese mundo? Hay un abismo entre el sistema educativo y el mercado”.

En la provincia de Buenos Aires se vive con mucha preocupación el problema de la violencia en las escuelas. ¿Cuál es su opinión?

“En primer lugar los chicos no perciben la existencia de control y pautas claras. A su vez, los padres no perciben la condena social y no reconocen la asimetría que debe existir en la escuela, esto es que el docente es la autoridad. Y además la sociedad está cada vez más violenta. Pero quiero decir esto: nada indica que los chicos de hoy sean más violentos que los de antes. La neurobiología estudia el tema del control de la violencia en los chicos, que se termina de desarrollar y controlar a los veinte años de edad que es cuando empieza el control adulto de la violencia propia. Pues bien, antes uno tenía en claro que si se te escapaba un empujón en el patio y lastimabas a un compañero estabas en un problema y en un problema realmente gigantesco. La escuela le avisaba a tus padres y estos también te castigarían de alguna manera. Pero si ahora el sistema también negocia con el chico este asunto, no lo estás ayudando en nada. Al contrario, lo estás perjudicando gravemente. Los pibes necesitan reglas claras, saber que si la rompen la pagan. Pero nos está costando definir qué es la ley y qué es el orden. A veces cuesta porque alguien puede pensar que tiene que ver con concepciones represivas. Y no es así.

¿Qué significa que debe haber asimetría en la escuela?

“Que alumnos y docentes no son pares. Que hay un orden para cumplir. Mire, le voy a dar un ejemplo. Estaba yo en una escuela en Córdoba y una preceptora me comentó que una alumna de cuarto año del secundario le preguntó su opinión sobre tener relaciones sexuales con dos varones al mismo tiempo. Ella me confesó que no se animó a decirle a esa chica que eso le parecía una locura, porque no se sintió con autoridad para hacerlo. Entonces yo la dije: pero mire que ella confió en usted, ella buscó su opinión y no la de una asociación de sexología, evidentemente. Esa chica la respeta y valora a usted y resulta que usted no le contestó nada. Este es un caso típico: adultos que tienen miedo de ser adultos hay muchos y los pibes se dan cuenta y por eso discuten todo y están hartos de que todo cambia y nada se mantiene en pie. Está quebrada la asimetría que forzosamente debe existir entre docentes y alumnos”.

¿Cómo se puede definir a una buena escuela?

“El Centro que dirijo hizo una encuesta. Los adultos consultados pusieron el acento en la contención, en la inclusión de los jóvenes. Los chicos dijeron, en cambio, que una buena escuela es aquella en la que podés aprender mucho. Está claro que los chicos parecen ser más puntuales y menos vuelteros. Cuando preguntamos cuál es un buen docente, los adultos dijeron el que tiene mayor compromiso con el alumnado. Y los chicos dijeron: es uno que sabe, que viene todos los días y te da clase”.

¿Cómo se encuentra la educación argentina en comparación a la de otros países?

“Un reciente estudio del PISA -Programa para la evaluación internacional de los alumnos- determinó que el sistema educativo argentino es el más inequitativo en cuanto a conocimientos. El desorden que genera, la falta de pautas, originan una gran desigualdad entre los alumnos. La educación sarmientina, la tradicional de la escuela pública era ordenada, pautada y más democrática. Es verdad que en el desorden ganamos algo de creatividad, pero perdemos mucho en certidumbre sobre el trato que merecen los chicos. Nadie aboga por criterios autoritarios. Al contrario, lo autoritario reside en admitir que los chicos que tienen más dificultades socioeconómicos, menos apoyo familiar, sean los que reciben una peor formación”.

¿Qué doctrinarios, qué autores de libros de teoría educativa recomienda usted?

“Mis autores preferidos son el argentino Juan Carlos Tedesco, el chileno Cristian Cox y el estadounidense Michael Apple”.

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