MONTEVIDEO.- El presidente de Uruguay, José Mujica, anunció ayer el relevo del comandante en jefe de la Armada, Alberto Caramés, por “razones de “confianza”, en un nuevo coletazo del escándalo de corrupción que en 2010 significó la salida del anterior jefe de la marina. Mujica anunció que Caramés, de 59 años, pasó voluntariamente a retiro con el objetivo de “dejarle las manos libres al poder Ejecutivo para recuperar la confianza dentro de este cuerpo” y expresó su “íntimo convencimiento de que la cadena (de corrupción) se corta acá”. Caramés será sustituido por el contraalmirante Ricardo Giambruno, actual director general de Material Naval, mientras que el gobierno pasó a disponibilidad a los contraalmirantes Manuel Burgos y Federico Lebel, como parte de la transformación interna del cuerpo.
Mujica admitió asimismo que hubiera querido que la justicia que investiga los casos de corrupción detectados en la Armada justo desde que él llegó al poder hubiera emitido ya un fallo antes de tomar esta última decisión.
La crisis de confianza en la marina uruguaya comenzó en julio de 2010, cuando una investigación judicial iniciada tras una denuncia anónima, sacó a la luz, entre otra larga serie de irregularidades, una extensa maniobra de fraude para efectuar compras falsas de material, desarrollada por varios oficiales. Por este caso, la Justicia ordenó procesar al ex comandante de la Armada Juan Fernández (2006-2010), así como a otros tres altos oficiales del cuerpo. Los cuatro fueron acusados de participar en una estafa millonaria en la adquisición de una grúa hidráulica y un banco de pruebas para motores por más de 600.000 dólares a empresas y proveedores inexistentes.
Fuentes de la fiscalía sostuvieron entonces que acciones similares podrían haber costado a la Armada hasta 7 millones de dólares. El sustituto de Fernández, Oscar Debali, dimitió en agosto de ese año y fue sustituido el 1º de septiembre por Caramés, que tuvo que asumir “una jefatura de transición en tiempos de crisis”, como la definió ayer Mujica. Debali dejó el cargo tras conocerse que un sobrino suyo, también militar, iba a ser procesado por realizar maniobras ilícitas en el seno de la fuerza, todas ellas vinculadas a los movimientos detectados semanas antes.
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