En Hablar solos , la última novela de Andrés Neuman, el escritor aborda el tema de la muerte como un proceso, poniendo en foco no la figura del enfermo, sino la del sobreviviente -en este caso una mujer-, a partir de tres voces con autonomía que se alternan y cruzan como si tocasen una partitura musical.
“No me interesaba la pérdida como acontecimiento concreto, sí como proceso en sus tres momentos cruciales: antes, como temor, angustia; durante, como vacío, ausencia; y el después como duelo y superación”, dice el escritor.
“Es una novela (Alfaguara), creo, muy extrema, en el sentido de que hay mucha vida pero también mucho deseo y mucho sexo”, define el autor de Bariloche , La vida en las ventanas , Una vez Argentina y El viajero del siglo .
Nadie sale indemne de este proceso afirma Neuman e insiste sobre la idea de los ‘cuidadores’. “Un modelo emblemático de esto es La muerte de Ivan Ilich , de Leon Tolstoi. Quise reflexionar sobre una situación por la que muchos hemos pasado: la de cuidar a un ser querido, verse impregnado de dolor, y como se sale de ahí”.
la enfermedad
En la novela, Elena (cuyo marido Mario tiene una enfermedad terminal) “está teniendo una experiencia de muerte, de pérdida del cuerpo del ser amado y se aferra a su propio cuerpo de forma caótica, desequilibrada. Un terremoto que por momentos reflexiona a través de citas literarias mezcladas en su discurso”.
“Yo quería que Elena fuese un personaje laboratorio de qué nos pasa con el deseo sexual y con el deseo lector cuando nuestras circunstancias vitales cambian de manera radical -señala-. La primera lectura que ella hace es el diario de un escritor español, que se llama Juan Gracia Armendáriz, que compara la enfermedad médica con la escritura. Elena escribe sobre lo que lee”.
“Y ahí se produce una especie de milagro ambiguo -califica- que ella no se explica muy bien, porque no sabe si sus circunstancias vitales la atraen de forma natural a los libros que hablan de eso, o si hay experiencias en la vida que nos hacen leer todo así”.
La idea de que literatura y vida “se ensuciaran y se contaminaran mutuamente como dos espejos sobrevuela toda la novela. Para ella la ficción es un elemento de salvación, porque solo a través de historias que cuentan otros uno puede hacerse cargo de la propia. La ficción como lupa para contemplar lo terrible y a la vez digerirlo y aceptarlo”, desliza.
El marido de Elena, el enfermo, emprende un viaje con su hijo (Lito) de diez años. “El padre quiere elaborarle una despedida inolvidable a un hijo que ignora lo que va a pasar -‘tuve que hacerlo así. Tenía que fabricarte ese recuerdo’-. La pérdida extrema vuelve nuestra percepción del presente, trágicamente intenso pero también activa una serie de mecanismos de memoria”.
SUSTRATO PERSONAL
Esta historia, cuenta Neuman, “se me impuso de una manera muy visceral después de cuidar a mi madre que murió muy joven, a quien cuidé de cerca y me impresionó lo largo que es el después”.
“Como se quedan afectados tus recuerdos, como la enfermedad tiñe todo -una especie de enfermedad ecológica en la memoria, dice Elena- y como el duelo consiste en devolverle a la persona que uno perdió la dignidad que en tu memoria ha quedado dañada”, observa.
El escritor remarca el grado de susceptibilidad que existe entre el enfermo y quien lo cuida. Uno interrogando a su interlocutor “y el otro interpretando para saber hasta que punto narrarle la historia. Y se produce una duda narrativa: no se sabe que contar”.
Desde la ficción, Neuman decidió que el cuidador fuera una mujer. “Me di cuenta de que la presión ejercida sobre la mujer moderna se multiplica y me parece una injusticia en el intercambio de roles que todavía queda pendiente en la sociedad”.
El libro necesitaba un cruce de primeras personas, afirma el escritor, “no podía haber un omnisciente que administrase todo. Es tan intima la experiencia de la pérdida. Hay un cuarto personaje (el amante de Elena) que no tiene voz propia, mediado por ella”.
“En un ensayo, Bolaño menciona una especie de mantra: ‘los condenados a muerte en lo único que piensan es en coger. Los que atienden al paciente en lo único que piensan es en coger’. Elena trata de que el placer además de un salvavidas sea un despertador. Su amante es una descarga eléctrica que le permite resucitar y no morir en el intento de asistir al que muere”, describe.
Y después está la voz del niño, “un elemento descontracturador, la parte lúdica, poética, fresca, me divertí haciendo esa voz”.
“Siempre pensé a la novela como un trío de cuerdas, tuve que escuchar la voz de cada personaje para escribirla. En realidad cada uno habla solo pero terminamos conversando ellos y yo”, concluye el autor.
Autor: Andrés Neuman Editorial: Alfaguara Páginas: 192 Precio: $ 89
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