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Argo de Ben Affleck y El Romance del Siglo de Madonna

Por Redacción

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Luego de hacerse cargo un poco de que Estados Unidos es también un país bastante malo en una introducción animada y explicativa, dejándonos en claro que es algo paratextual ya que a la película le interesa otra cosa, Argo cuenta un suceso de la revolución en Irán de 1979 donde el pueblo irrumpe en la Embajada de EEUU tomando rehenes. Seis de ellos logran escapar y esconderse en la residencia del embajador canadiense. Ben Affleck es el encargado de idear un plan para poder sacarlos del país ya que corren riesgo sus vidas. Lo curioso aquí es que la mejor idea de la CÍA es hacerlos pasar por trabajadores de Hollywood simulando estar de viaje para la preproducción de una película.  Pero el cine no solo está presente sino que el lenguaje cinematográfico juega un papel determinante. Argo parece en realidad no tener demasiadas escenas de acción, excepto al principio y hacia el final, ya que se trata de 6 personas encerradas que no tienen mucho que hacer solo aprenderse su falso rol para poder pasar por el aeropuerto sin problemas. De todas formas la tensión es constante y se hace presente en carne viva. El fuera de campo de ese encierro construye la sensación de que todo puede salir mal. El silencio y las miradas de los protagonistas al pasar con una pequeña camioneta en medio de una manifestación iraní pueden crear lo más terrorífico del mundo.

En El romance del Siglo también se cuenta una historia real, la del Rey Eduardo VIII que abdica al trono por amor, para casarse con una norteamericana. En esta película dirigida por Madonna parece existir la búsqueda de algún tratamiento visual con sobreimpresiones y un montaje enigmático y misterioso. El problema es que al instante se desdice, los diálogos empiezan a explicar antes o después los sentimientos y acciones sugeridas. Todo lo inquietante se anula. No se confía jamás en el cine, en el lenguaje de este arte en particular. En este sentido es significativo cuando los protagonistas se aburren y se duermen mirando un corto de Chaplin.

En Argo el cine puede intentar salvar a las personas pero en la última instancia lo único que podrá realmente liberarlos será convencer a los iraníes de que se trata de una verdadera película, y esto debe lograrse charlando sobre ella, apasionando a otros, atraerlos y desconcertarlos gracias al enamoramiento del cine.

 

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