Por MARCELO ORTALE
“¿Qué siente cualquier persona cuando mira el Moisés o La Pietá de Miguel Angel…? Una gran emoción. Y eso es lo que yo siento al dirigir a la orquesta. Pero también comprendo que no debo perder el control emotivo. Cuando uno está con la batuta, delante de los grandes músicos, delante de tantos profesionales talentosos, se enfrenta también a una gran responsabilidad. Uno es como un piloto de avión…”, dice Jorge Uliarte.
El enorme calor de Buenos Aires pero, sobre todo, el corte de luz lo hizo bajar del noveno piso de su departamento en el barrio de La Recoleta y proponer que la entrevista se hiciera en la confitería cercana a la plaza Vicente López, al amparo de los equipos refrigeradores. Lo acompaña su mujer austríaca, Margareta, que es publicista y representante de su marido. Ambos viven hace dos décadas en Salzburgo, donde nació Mozart y tienen un hijo varón, Mandala.
Para la historia y para los especialistas de la música argentina en el mundo, Uliarte integra junto a Héctor Panizza, Daniel Baremboin y Carlos Kleiber el poker de ases de los grandes directores de orquesta que dio la Argentina, al punto de que fue director de la Orquesta Sinfónica de Berlín y de la Orquesta Sinfónica de Moscú, de las cuales sigue siendo ahora director invitado permanente.
Con ellas realizó giras por numerosos países y a su frente dirigió en los últimos años conciertos en el Obelisco o en el Hipódromo de San Isidro, donde juntó públicos de más de 60 mil personas. Pero también condujo a estas orquestas en el Colón, en el Argentino y a parte de ellas en el Festival Internacional de Ushuaia –subtitulado Música Clásica en el Fin del Mundo- que en septiembre u octubre de 2014 cumplirá su décima edición consecutiva. Además de ser el director artístico de este encuentro, Uliarte fue el que lo creó y el que tiene proyectos trascendentes para el futuro del festival austral.
Nació en la ciudad de Córdoba, hijo del abogado Guido Uliarte y de Inés Kialvó. Tiene tres hermanos, Guido, Miguel –ambos aún en la provincia argentina- y Estela, que vive en Copenhague. “Mis padres eran tipos deliciosos. Mi padre un gran amante de la música y mi madre pintora. Los bendigo por la libertad y disciplina que me dieron desde siempre. Y al decir disciplina quiero decir conciencia para lograr lo que uno quiere en la vida”.
Recuerda una infancia con ajedrez, música, natación y artes marciales. Recuerda también las escuelas públicas –el primario y el secundario que cursó- “de donde salí hablando el inglés y el francés, porque nos hacían estudiar en serio. Pero en casa había un piano vertical…”. De modo que, a la manera de Mozart, a los 5 años de edad ya ejecutaba con solvencia muchas piezas.
Margareta le acota en voz baja, casi le susurra: “Contale que a los 3 años de edad ya sabías leer y escribir…”, pero Uliarte no quiere hablar de él sino de la música. Aunque es difícil separar ambas cosas. “De pequeñito iba al teatro Rivera Indarte a escuchar conciertos. Por mi casa pasaron grandes músicos, como Ariel Ramírez, Jaime Torres y Piazzolla. Venían a cenar, charlaban con mi padre”. Recuerda que su padre había sido pianista, antes que abogado.
A los 12 años de edad lo oyó tocar el gran pianista alemán Hans Richter-Haaser y lo recomendó. De manera que sus padres lo autorizaron a que viajara a Buenos Aires a estudiar con Francisco Amicarelli. Poco tiempo después se presentaría como concertista en Córdoba y en Mendoza, para debutar como concertista en el Colón a los 16 años. Allí fue cuando decidió ir a perfeccionarse a Europa.
¿Dónde estudió en Europa?
“Tuve tres becas, que me permitieron mantenerme allá muchos años. Las dos primeras en Santa Cecilia y en Lausana, donde estuve tres años en total. La tercera fue en Manchester, pero ya en mi condición de estudiante de dirección de orquesta”
¿Allí fue, en Europa, donde decidió ser director de orquesta?
“Director quise ser siempre. Al estudiar piano, en realidad lo que quería era dominar un instrumento porque sólo así uno sabrá, luego, dónde estirar la cuerda y dónde no. Pero además siempre me interesó la metafísica del arte, es decir, tratar de tener en claro por qué estoy en el mundo, por qué existo. Todo eso ayuda luego a dirigir”
¿Usted es ateo o cree en Dios?
“Creo en un Dios creador, concretamente en un ser supremo que creó todo esto”.
¿Qué otras influencias tuvo como músico?
“Cuando yo tenía once o doce años de edad empecé a leer a Dostoievsky y a Chejov. Esas lecturas quedaron grabadas en mí y cuando como músico leí las partituras rusas, fue como encontrarme con un viejo amigo que me contaba sus secretos. La música de Tchaikovsky, la de Borodin, la de Rachmaninoff, me sonaba en la cabeza y yo sentía que debía comprometerme con ella y que debía interpretarla lo más igual, lo más cerca posible, de lo que este amigo me estaba transmitiendo”
Está claro que el director impone su estilo, pero también influirán los músicos de cada orquesta…
“Si vos trabajás en una buena orquesta, en una orquesta excelente, como por ejemplo las sinfónicas de Berlín o de Moscú, y si los convencés de que tu interpretación es válida, la ejecución se volverá plástica, porque estás frente a ochenta brillantes profesionales”
Usted dirigió dos años la Sinfónica de Berlín y cuatro la de Moscú. Además ha creado el nuevo Festival de Orvieto, en Italia. Vive allá hace tres décadas… ¿le queda mucho de argentino?
“Me siento argentino mil por cien. Y claro que amo a Austria, porque me dio a mi esposa Margareta. Es verdad que di vueltas por todo el mundo, también estuve años en los Estados Unidos, pero la Argentina me dio una base solidísima. Claro que los músicos somos cosmopolitas”.
Habrá dirigido composiciones de autores argentinos…
“Sí, por cierto. Vea, los argentinos tenemos dos grandísimos compositores. Uno fue Alberto Ginastera. Y el otro es un mito en todo el mundo, Astor Piazzolla”
¿Cómo y por qué se le ocurrió crear el Festival Internacional de Ushuaia?
“Cuando ocurrió lo de Malvinas en 1982. Ahí yo pensé que la mejor forma de conquistar soberanía no era enviando buques o aviones de guerra, sino que lo que se necesitaba era una presencia cultural argentina. Y pensé en armar un festival anual a cargo de una gran orquesta en el llamado fin del mundo. Pues bien, la idea se plasmó en 2004 y ahora iremos por la décima edición en el próximo octubre. Han concurrido músicos alemanes y rusos, que se sumaron a los argentinos y terminamos creando una suerte de Sinfónica ad-hoc de Ushuaia. Yo siempre dije que Ushuaia es la capital de las Malvinas”
Usted se presentó hace cinco años en el Teatro Argentino, primero dirigiendo a la orquesta Sinfónica de Berlín y un año después a la de Moscú. Acá puede ver la noticia y la crítica que le hizo Eduardo Giorello en El Día, cuando estuvo con la última de esas orquestas. ¿Qué recuerdos le quedaron de esas presentaciones?
“Cada vez que recuerdo a esa sala musical me digo… ¡qué teatro tan bello! ¡Qué orgullo para el país que es el teatro Argentino! Recuerdo una acústica excelente y un público muy cálido”
¿Dónde estaba cuando fue elegido como Papa el entonces cardenal Bergoglio y cuál fue su reacción?
“Estábamos en Salzburgo. Cuando ese cardenal dijo su nombre en latín…y vi quién era empecé a gritar es argentino, es argentino… Mi mujer me decía se llama Jorge, como tu, se llama como tu, pero yo repetía es argentino, es argentino. Tengo un gran proyecto musical, que involucra de algún modo al Papa Francisco, pero no puedo aún decirlo”
¿Qué puede decir del próximo Festival Internacional de Ushuaia?
“Que se desarrollará en el hotel Arakur, que dispone de una sala maravillosa. Y que este año llevaremos músicos de tres orquestas, la del Colón, la Sinfónica Nacional y la Filarmónica. Es el encuentro más austral del mundo. Esto supone gastos enormes de viaje y alojamiento, pero trabajamos con el apoyo del gobierno de Tierra del Fuego y de muchas firmas que esponsorean. Aquí quiero destacar el denodado trabajo de Margareta Uliarte, que es la gran organizadora, y de Santiago Lanzillota, director general del festival del Fin del Mundo”.
¿Cuáles son sus pianistas preferidos?
“Claudio Arrau, Arturo Rubinstein y Marta Argerich”.
¿Quiénes son sus compositores preferidos?
“Hay tantos, a ver: Bach para escuchar y tocarlo en el piano. Bach es como la matemática o la poesía puras. Pero desde luego que agregaría a Beethoven y afines… a Brukner y afines… y a Mahler y afines”
****************
En la folletería que contiene la programación del último Festival Internacional de Ushuaia, los Uliarte incluyen una cita de Platón dedicada a la música. Más allá de su valor universal, se advierte que esos conceptos forman parte de la identidad compartida por este matrimonio argentino-austríaco: “La música es una ley moral. Ella le da alma al universo, alas a la mente, vuelo a la imaginación, atractivo a la tristeza y vida a todas las cosas”.
SUSCRIBITE a esta promo especial