Cazando pajaritos, atacaron el Conservatorio

UNA DE LAS VENTANAS QUE TERMINARON DESTROZADAS AYER A LA TARDE EN EL EDIFICIO DE 12 Y 523. ES LA SEGUNDA VEZ EN LA SEMANA

Los piedrazos contra micros, autos y patrulleros ya se han vuelto una lamentable (como peligrosa) modalidad de vandalismo en la Región, pero en las últimas horas trascendió un ataque insólito, no sólo por el blanco que eligieron, sino también por la hora y el modo en que lo hicieron.

Un grupo de cuatro adolescentes -entre ellos una chica- descargó una lluvia de cascotes contra un lateral del Conservatorio de Música Gilardo Gilardi. El resultado fue que tres vidrios terminaron rotos. Al parecer, y según contaron allí, empezaron con intenciones de “cazar cotorras”, aunque después se ensañaron contra el edificio.

“Fue terrible”, dijo un docente que estaba en el lugar al momento del hecho, “porque rompieron los cristales y fue casualidad que no lastimaran a nadie”. Otro dato llamativo es que esto que pasó ayer no fue el primer incidente de este tipo, ya que hubo un antecedente esta misma semana.

desbordados

El episodio de ayer sucedió alrededor de las 14.30 en el edificio de 12 y 523, donde abundan los árboles y los acordes de los instrumentos apenas se funden con los ruidos que bajan del camino Centenario.

Esa música habitual se vio sacudida de repente por los golpes secos de las piedras contra los muros y los vidrios, que estallaron junto con los gritos de docentes y alumnos. Por algunos instantes quedó interrumpido un ciclo especial con músicos invitados que se desarrollaba en el edificio.

La regente de la entidad, Mónica Opanski, le dijo a EL DIA que la situación se alteró todavía más cuando un vigilante que trabaja de forma estable en el conservatorio salió por una ventana a echar a los adolescentes.

El grupo, entonces, afrontó a pedradas al policía. Fue una confrontación de menos de un minuto que se diluyó sin que nadie terminara herido.

Opanski agregó que el martes pasado ocurrió algo parecido, sólo que entonces destrozaron una ventana de la biblioteca.

Todos los testigos aseguran que en ambos casos los autores fueron los mismos: un grupito de adolescentes que se mostraron “sumamente agresivos y lanzaron insultos mientras tiraban las piedras”.

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