Cae la noche en Bucarest es la última realización del rumano Corneliu Porumboiu, director también de la genial Policía Adjetivo (2009). La película trata así mismo sobre un director de cine que a la vez que termina de realizar su película, empieza a tener un romance con su actriz principal. La historia parece no contar mucho más que eso, así que más bien parece tratarse de un discurso sobre la película misma, sobre el cine, sobre cómo disfrutamos y entendemos el arte, del por qué del gusto.
En un diálogo aparentemente cotidiano, mientras cenan el director en cuestión y la actriz, conversan sobre comidas. Éste sostiene que la comida sofisticada varía según la región. Así algunas características harán sofisticada a una comida en particular en China. Pero esas características podrían no ser sofisticadas para la comida europea, que necesitaría de otras particularidades para que se defina como tal. Por lo que nuestro director-protagonista concluye: “El gusto se educa”.
La película está contada sólo a partir de unos cuantos planos secuencias complejos (planos continuos de larga duración sin cortes) donde transcurre la historia completa. Esta puesta extrema se podría pensar que en principio estaría dirigida al gusto de un reducido número de personas (o sea, aburriría a la mayoría). De todos modos en el plano secuencia inicial el director le comenta a su actriz que él haría una película de ese estilo, con varios planos secuencias y da una justificación al respecto. Más allá de que compartamos su justificativo, el tiempo dramático, la realidad o el ritmo, él nos invita a entender esta apología y nos propone disfrutar de estos planos que no nunca terminan.
Siguiendo esta idea cada plano de todo el film se convierte en una explicación sutil del plano siguiente. Una preparación para lo que viene. Mientras el director en una larga escena discute con su protagonista el por qué de hacer tal o cual movimiento al salir desnuda de la ducha, en la escena siguiente hay efectivamente un personaje que sale de la ducha, y al verla pensamos posibilidades significativas a partir del juego metalingüístico anterior.
Cuando en una escena se habla de Mónica Vitti como una actriz hermosa pero distante y lejana, en otra el director le dirá a su amante que se parece físicamente a ella, dando a entender que la relación se empieza a derrumbar. Podría ser un guiño sólo para cinéfilos pero la información previa nos hace partícipes a todos.
“El gusto se educa” dice Porumboiu, y nos brinda herramientas para que podamos disfrutar esta película exigente. No dice que esta obra es de por sí disfrutable, sólo intenta no dejarnos afuera. Nos acompaña, intenta incluirnos en este complejo lenguaje, interactúa con nosotros.
Hacia el final los protagonistas ven una colonoscopia en video. La mujer que se encarga de la producción del film en rodaje denuncia la falta la información del análisis, los datos duros. El doctor objeta que eso no es lo importante, la periferia; lo importante es lo del centro. Porumboiu valoriza lo que propone con la imagen. No es necesaria aquí otra información explícita. Nos invita a ver con más detenimiento las acciones, nos estimula a poner los ojos en vigilia. Todos están invitados a entrar al mundo del cine.
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