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El mejor partido en mucho tiempo

Por Redacción

¡Ole!¡Ole!¡Ole! Esa fue la banda de sonido del segundo tiempo tripa ante Vélez. Un triunfazo. Noche redonda, porque a la presión le sumó precisión. El equipo jugó bien, como ante San Lorenzo. A la solidez del todo, hay que sumarle actuaciones individuales de buenas para arriba. Además, jugó lindo. Práctica y estéticamente, Gimnasia borró de la cancha al Fortín. Una vez más, las convicciones tuvieron premio: cuando Gimnasia by Troglio parece estar contra las cuerdas, conecta un par de jabs, toma el centro del ring...la pelea sigue.
     Sorprendió el nivel del equipo. Fue, sin dudas, el mejor partido desde el regreso a primera división. La cuestión no es táctica: el 4-4-2 ya se usó en los últimos dos partidos con Estudiantes. Sí, se acomodaron mejor las piezas, porque Álvaro tiene más panorama al lado de Pouso, Mendoza -de muy buen partido- es más vertical para jugar cerca de Vegetti y Nacho Fernández sufrió menos de lo esperado jugando como mediocampista izquierdo. Esta noche tranquila, felíz, tiene su origen en los goles. Mandar adentro una pelota en el primer tiempo significa abrir el partido. Trasladarle el problema al rival. Obvio, no siempre se puede. Por eso los goleadores se pagan. Y Pablo Vegetti -a quien ya hay que comprarle la mitad de la ficha- es dinero bien invertido. Tuvo una. Pum. Adentro. Porque el juego lo construyen otros, pero el 9 define. A propósito del juego, fue un gran partido de Lucas Licht. Pase al vacío para Mendoza en el primer gol. Gran centro pasado para que Nacho facture en el segundo. No estaba en su mejor momento el Bochi. Hoy, volvió el capitán. Y párrafo aparte para Ignacio Fernández, excesivamente castigado en las últimas semanas. No podía, no le salía, pero siempre intentaba. Es el primer autocrítico. De ahí a tratarlo como al peor enemigo de Gimnasia...un abismo.

     El punto tal vez menos valorable del partido es que en el segundo tiempo, Gimnasia llegó poco. Casi nada, comparado con el toqueteo que sufrió Vélez. Un taponazo del salteño Mendoza en el palo izquierdo de Sosa y una del pibe Nicolaievsky -bien otra vez- fueron casi las únicas. Poco, comparado con las diferencias que Gimnasia marcaba hasta tres cuartos. Porque defensivamente maniató a Vélez (tercer partido sin recibir goles) y creó mucho en el medio. A los buenos rendimientos nombrados hay que sumar a Omar Pouso -así, como está, es vital, indiscutido- y a Facundo Oreja, un obrero al servicio del equipo que hasta probó al arco. Vale la pena nombrarlos, porque los ordenados y solidarios en el fútbol son vitales. Verdaderos soldados que suman para el conjunto. A pesar de que en este bendito deporte defender tenga mala prensa. En la NBA se desgañitan gritando "Defense, defense" y el más grande, Michael Jordan, era a la vez el mejor defensor. En rugby, ni hablar. El handball es básicamente un juego defensivo. Ahora, en fútbol, defender parece mala palabra...Y es necesario que algunos se rompan el alma para que los que "juegan bien" marquen diferencias. Que no es lo mismo que un número 10 parado esperando que la pelota le pase cerca. Troglio tiene motivos para estar conforme. Los jugadores le responden. Su equipo tiene identidad. Pone a cuatro futbolistas con buen pie, pero que no mezquinan esfuerzo. No es una propuesta amarreta. Todo lo contrario. Tiene la audacia de sumarle a los futbolistas lo que no tienen. La eterna historia del fútbol: aprovechar momentos, disimular defectos, aprovechar virtudes.
     Está más que claro que no se ganó más que un par de partidos. Que los clásicos en cero siguen doliendo. Que es muy difícil pensar en objetivos que vayan más allá de los 25 puntos. Que para trazarse otros objetivos, este plantel no alcanza...pero que quede claro que hay un equipo que -con mínimos retoques- puede dar más. Y un técnico que sabe lo que quiere y convence a los jugadores. Con errores, que los tiene. Pero con una balance que en tres años -los cumple esta semana- es netamente favorable.
     "Falta humildad", dijo Pratto, visiblemente molesto a la salida del vestuario visitante. En Gimnasia, humildad sobra. Y esa base es la única forma de construir algo sólido que perdure en el tiempo. Un proyecto. A no ser que alguien piense que puede aparecer un Roman Abramovich y cambiar la vida del club. No hay genios. Lo sabemos, si frotamos una lámpara...brilla y nada más.
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Foto Letra G
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