"No cambiamos más", "Otra vergüenza", "Vamos a terminar como Chacarita", "Tenemos el club que nos merecemos", frases escuchadas a la salida de la Asamblea son el problema de Gimnasia. Divididos, peleados. Cualquier situación es válida para el choque de egos, para las mezquindades, para las miserias, para el individualismo. Gimnasia personaliza permanentemente. Por eso, una Asamblea termina siendo un cruce de chicanas y faltas de respeto, en la cual el oficialista cree que hizo y hará todo bien y el opositor que se hace y se hará todo mal. Y no es Real Madrid ni Atlas. La realidad pasa por el medio, está llena de grises. Si del hincha dependiera, tendría el Camp Nou, con Messi y Robben adelante y sin pagar bono. Del socio -y del dirigente que es su representante, no su dueño- depende invertir en infraestructura y en la fábrica, que son las divisiones juveniles. Por eso, es una buena noticia que ganancias del Loboshop vayan a obras en el Bosquecito, la platea Basile y el Campus. Y también que vayan a obras los ingresos por derechos de formación y solidaridad de los jugadores que hicieron inferiores en el club (De Blasis, Gentiletti, Rinaudo, los próximos ingresos). Ahora bien, hay errores conceptuales: quien propuso que no se acepten jugadores en las juveniles que no sean 100% de Gimnasia debe entender que esa decisión es aislarse el mercado, que es preferible el 70% de algo al 100% de nada. Es dejar que los jugadores que llegan al club -ninguno primera selección- elijan Banfield, Arsenal o Defensa y Justicia, porque uin club salteño o misionero quiere su parte en el negocio. ¿Con la mano en el corazón, no traerían un Di María si les dicen "nos quedamos con el 30 de una futura venta"?
Anoche, a la CD le pegaron por izquierda y por derecha. Si la lectura se circunscribe a las "heridas electorales" es un error. Recibieron cuestionamientos de gente que camina el club diariamente, pauta de que perdieron el "pulso" del microclima de la institución. Los slogan electoralistas no sirven. Y no se impone una autocrítica. Se necesita trabajo y dialogo. Oficialistas y opositores, socios comunes, todos, deben entender que el otro también es gimnasista. Hay que dejar de tratarse como enemigos. No hablo de unidad. Hablo de juntarse. De entender de una vez por todas que quien puede dar una mano la dé, porque es una mano a Gimnasia, no al gobierno de turno. Y la OBLIGACIÓN de quienes gobiernan es abrir esas puertas.
Si la idea, como se sostiene, es un Gimnasia popular y grande que potencie sus cuatro sedes, no hay que esperar una, dos o tres elecciones para lograrlo. Es ahora. Insisto, sin una unidad inviable. Pero al menos, con gente que se pueda reunir y dialogar sin que parezcan unitarios y federales. Son solo triperos.
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