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Turcos en La Plata: el desafío de vivir y estudiar entre dos culturas

Por Redacción

Jóvenes que vinieron a aprender a la UNLP cuentan cómo es el complejo intercambio

INTERCULTURALIDAD. LOS JÓVENES TURCOS QUE ESTUDIAN EN LA CIUDAD MANTIENEN EN SU DÍA A DÍA LAS TRADICIONES DEL MUNDO ISLÁMICO

“Cuando probé el dulce de leche, nací otra vez”, dice, con la sonrisa encendida y en un castellano esforzado pero preciso, Serkan -21-, un joven llegado de Turquía que cursa profesorado de Matemáticas en la Universidad y vive en La Plata, junto a otros tres chicos del mismo país. El grupo se instaló en un antiguo departamento del microcentro de la Ciudad en el que, para ingresar, hay que sacarse los zapatos. Allí, las costumbres son muy distintas a las del resto de los estudiantes universitarios. Entre otros detalles que llaman la atención, el recibidor está cubierto por una alfombra en la que descansa el calzado que inquilinos y visitantes abandonan antes de acceder al resto de la vivienda . El pequeño espacio es, por así decirlo, un lugar sagrado, porque Serkan y sus compañeros en la “aventura platense”, Furkan 21 -, Mehmet - 20 - y Kadir - 20 -, cumplen, estrictos, con los preceptos del Corán, y rezan todos los días en ese ambiente cálido y de techos altos.

El plan de los jóvenes, que llegaron a través de un programa de intercambio de la Fundación para la Amistad Argentino Turca, vinculada al movimiento Hizmet (un servicio internacional del islamismo moderado) es ganarle la pelea a la barrera idiomática y completar, antes de regresar a su país, la carrera académica. Todos llevan alrededor de un año en La Plata y coinciden en que aunque el choque cultural es fuerte, mucho los ayuda el espíritu solidario que han encontrado en esta ciudad, que se ha brindado, aseguran, “por entero”, para hacerles menos pesadas las dificultades.

Además del dulce de leche, a Serkan, de nuestro país, le fascina el helado, con sabores que en su Estambul natal no existen; al mate ya se acostumbró, tanto que, cuenta, “lo tomo amargo porque todos mis compañeros lo toman así”. Está en primer año del profesorado que se estudia entre las facultades de Humanidades y Ciencias Exactas y los exámenes escritos, en una lengua en la que se hace entender (“debo saber unas 50 palabras”, exagera) pero que está lejos de dominar, son, por ahora, “un problema”. No obstante los escollos, está seguro de que va a avanzar en la carrera. “Una materia como lógica, por ejemplo, es muy difícil aprenderla en español, pero tengo la ayuda de mis compañeros y de los profesores; todos se preocupan mucho para enseñarme”, afirma a la vez que expresa su deseo de quedarse en La Plata “muchos años más”.

Mehmet nació y se crió en Kayser, una ciudad de cerca de un millón de habitantes que el joven compara con La Plata. “Es muy parecida, con barrios de casas bajas y bastante extendida”, dice con marcado acento turco. Ya con dos años en la Argentina y uno en la Ciudad, cursando Administración de Empresas en Económicas, está un poco más adaptado a la cultura local que sus compañeros de departamento y maneja con mayor soltura el castellano. Igual, las tradiciones las mantiene al pie de la letra: él es quien se encarga de servir el té - especialmente traído de Turquía - y cumple con los mandatos de la religión, como no consumir bebidas alcohólicas (“salimos, vamos a los boliches y la pasamos muy bien tomando gaseosa, aclara). De su país, sólo extraña a su familia -confiesa-, pero compensa la falta con los amigos que ha hecho en estos meses, quienes, “son personas muy generosas, que se preocupan por nosotros y siempre nos están ayudando”.

ESFUERZO Y SOLIDARIDAD

A Furkan, de la ciudad de Adana, le restan 45 materias para egresar de Psicología y como es tanto lo que aún tiene que atravesar, que dice que va a esperar a ver cómo marcha la carrera para decidirse por el profesorado o la licenciatura. “Me está resultando bastante difícil estudiar”, admite. Y para sentirse más apuntalado hasta llegó a hablar con las autoridades de la facultad. “Me dijeron que me van a ayudar porque me comprometí a cursar también el programa de la Universidad Español para la Extranjeros”, concluye.

El soporte local de los jóvenes es la ONG Pro Humanae Vitae, una organización relacionada con la Fundación para la Amistad Argentino Turca que se dedica a fomentar actividades que impulsen el desarrollo de la sociedad y con actuación en los cinco continentes. Rafael Velázquez, fundador de la entidad y un poco tutor de estos chicos que llegan desde tan lejos, sintetiza, con admiración, la actitud de los jóvenes del Hizmet. “Tienen mucha curiosidad, les gusta esta ciudad y su gente, hacen deportes, y aunque adaptarse les cuesta un poco por el idioma, hacen amigos con mucha facilidad y ponen un gran esfuerzo en seguir con las carreras, precisa.

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