Foto El Día
El empate era injusto, más allá de que el segundo tiempo de Gimnasia no fue igual al primero. Más allá, también, de lo que en cancha pareció un penal a Niell (que enorme pecado haberlo dejado ir, ¡dos veces!). Un equipo más ambicioso que presionó, buscó, jugó y se quedó con las manos vacías en la ultima jugada del pleito, cuando Barsottini falló y Monetti hizo el típico penal del arquero que arriesga y pierde (en vestuarios, Monetti reconocío que no llegó tarde pero sí hubo contacto). 1-2. Pesadilla. El carruaje que se convierte en calabaza. Injusto castigo el de semejante despliegue para quedarse con las manos vacías. Injusto castigo para un equipo que merece más que esos 2 puntos sobre 9 que muestra la tabla. Y con la obligación de bancar una seguidilla terrible, con tres clásicos y un play off de Sudamericana que puede dejar marcas indelebles...
Ahora, sin tiempo de lamentos, hay que ir a Córdoba. Sin Vegetti, quien por suerte no tiene nada grave según comprobaron las placas radiográficas. El dolor del golpe y nada más, pero sin tiempo de recuperación para jugar con Belgrano. Será el turno de Nery Cardozo, muy diferente al ex Villa San Carlos. El otro paraguayo, Jorge Rojas, empezó a mostrar algo más que chispazos. Va a andar bien. El equipo, más allá del plantel corto, no está mal. No va por mal camino. Debe ser el equipo sacrificado de siempre, con mucha presión y salida rápida. Con un despliegue físico impresionante. Debe saber aprovechar los momentos. Hoy, tiene ráfagas de juego muy superiores al semestre anterior (incluída la seguidilla de seis triunfos al hilo) pero no gana. Y eso socava, quita confianza, genera dudas. Gimnasia no puede permitirse dudar. Menos ahora, que de reojo mira los clásicos.
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