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La corbata en extinción: quedó asociada a las generaciones que superan los 40

El elegante sport que permite la camisa desabrochada gana terreno en los espacios más formales

Por AGUSTINA MUSSIO

En un banco sobre la calle 47, detrás de un escritorio, Hernán Julien despide con un apretón de mano al hombre que minutos antes lo escuchaba. Lleva zapatos bien lustrados, pantalón negro, cinturón con hebilla dorada, un saco haciendo juego y una camisa blanca: primer botón desprendido, y sin corbata. Con una sonrisa tramposa abre el segundo cajón de su mesa de trabajo: ahí yace una de las tiras de tela que tantas mañanas anudó a su cuello. Ya no se la exigen y él -pelado, simpático y entrador- que es asesor de seguros, prefiere un aspecto más relajado.

Como Hernán, cada vez más hombres descartan la corbata del vestuario, aunque pretendan lucir elegantes. Dicen que dentro de la formalidad buscan comodidad y una apariencia más descontracturada.

“Hace 8 o 10 años era común en determinados puestos de trabajo. La corbata ha quedado “demodé”

“Dejé de usar porque me resulta algo molesta, y además creo que vestirme elegante, pero con el primer botón de la camisa desabrochado, me da un aspecto más suelto, que favorece el acercamiento con la gente”, dice Hernán (40), y cuenta que la guarda en el cajón del escritorio por si alguna vez la necesita para alguna reunión: “Igual nunca me piden corbata. Pasó de moda”, desliza.

En otros tiempos se consideraba un accesorio infaltable para un vestuario elegante. Pero con el paso de los años fue mermando su uso y se flexibilizaron muchos espacios o situaciones donde antes la exigían, acaso mediante reglas formales o implícitamente, en nombre de la “buena costumbre”.

“Hace 8 o 10 años era común que los hombres se presenten a las entrevistas, para determinados puestos de trabajo, con traje y corbata. Los jóvenes de ahora es raro que la usen. La corbata ha quedado demodé. Está asociada a un tipo de generación”, manifiesta Fernando Ciarmatori, director regional de la empresa de recursos humanos Adecco.

Aunque en puestos gerenciales o directivos continúa vigente el uso de este accesorio, Ciarmatori entiende que esta costumbre no responde a exigencias del cargo, sino a que normalmente tienen más de 40 años quienes ocupan estas posiciones. “La mayoría de los nuevos jefes prefieren no usarla como una forma de acercamiento al equipo de trabajo”, afirma.

El desuso que se va imponiendo en las nuevas generaciones también se nota en los locales de ropa. “Tengo sólo tres corbatas hace un montón de tiempo; ya casi nadie las compra”, cuenta Facundo Rojas, que vende ropa formal de hombre, en un negocio ubicado sobre la calle 48. Sin embargo, la venta se mantiene estable en los negocios que apuntan a clientes más grandes.

Frente a las clásicas corbatas, que superan los seis centímetros de grosor, y que tuvieron sus épocas doradas en las que se las consideraba como ícono de la elegancia, en la actualidad la mayoría de los hombres de 40 para abajo suelen preferir los corbatines, que no pasan los cuatro centímetros de ancho.

LA RETIRADA DE LA CORBATA LLEGO A AMBITOS IMPENSADOS

“De todos modos, se están dejando de usar los dos”, asegura el vendedor, y señala que la elección del modelo más fino puede explicarse con los trajes de moda, que son los “slim fit” y se caracterizan por ser más entallados que los tradicionales. Con este tipo ambo (pantalón y saco) los corbatines parecen resultar más apropiados.

La retirada progresiva de la corbata se evidencia en esos ámbitos donde en otras épocas era impensado prescindir del accesorio. “Antes si un alumno no la traía para presentarse a rendir un final se lo mandaba de vuelta a la casa sin tomarle el examen. Era considerado una falta de respeto”, recuerda uno de los profesores de Derecho Romano de la facultad de Abogacía, y dice que en la actualidad dejó de ser necesaria para catalogar a una vestimenta como formal. “Hasta los profesores dan clases sólo con camisa”, manifiesta el abogado Marcos Paz.

También en Tribunales el ambiente se relajó bastante en este sentido: “Ahora muchos hombres se presentan sólo con camisa y saco”, cuenta el abogado Andrés Piesciorovsky (35). Dice que él prefiere usarla porque le parece más elegante y además considera que ayuda a que los empleados de Tribunales lo reconozcan frente al cliente, y se dirijan a él sin necesidad de preguntar quién es el abogado.

La tendencia “elegante sport” también llegó a la política. Más de una vez Obama se presentó frente a las cámaras de televisión con la camisa desabrochada y las mangas arremangadas. Candidatos y políticos nacionales también siguen la misma línea de vestuario, incluso apuestan a mostrarse con un look más juvenil al combinar jeans con saco.

Uno de los emblemas de la informalidad más extrema en el ámbito político es el caso del ex presidente uruguayo “Pepe” Mujica, quien se presentó a la jura del ministro de Economía Mario Bergara con la camisa afuera del pantalón -modelo pescador- y sandalias. Y en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) lamentó: “Pertenecemos a una cultura invasora, agresiva. Nos tenemos que vestir como gentlemen ingleses porque ese es el traje que la industrialización impuso en el mundo. Nos tuvimos que disfrazar todos de mono con corbata”.

La tendencia de camisa abierta también se instaló en algunas entidades bancarias. Primero se impuso el “casual day” para que los empleados pudieran asistir los días viernes de elegante sport. Luego, con la crisis de 2001 en la mayoría de los bancos se decidió extender el vestuario informal a toda la semana para que los clientes enfurecidos no pudieran identificar fácilmente al personal, por el saco y la corbata. Cuando se apaciguó el clima social algunas entidades volvieron a exigir el look tradicional y otras se mantuvieron más flexibles.

Leandro Arambarri se queja de su suerte porque en el banco donde trabaja volvieron a imponer el uso de la corbata. Pero cuando tiene casamientos o eventos de gala, dice que aprovecha para sumarse a la moda del ambo con camisa desabrochada.

SALIDAS DE GALA

“En la época en la que arranqué a trabajar en el teatro era estricto el uso de corbata para todo el personal, y el 90 por ciento del público también la usaba”, recuerda Alejandro Del Río, que hace 15 años trabaja en el Teatro Argentino de La Plata, primero como acomodador y luego como coordinador de personal de sala.

“Tengo sólo tres corbatas hace un montón de tiempo, ya casi nadie las compra”

A diferencia de esas épocas, Del Río sostiene que sólo un 20 por ciento del público actual lleva corbata, “y todos los que lo hacen tienen más de 40 años”. La informalidad también llegó al escenario: algunos directores de orquesta se presentan a las funciones con la camisa abierta.

Frente al retroceso de las corbatas y los corbatines, entre los adolescentes van ganando terreno los moñitos: “No son los clásicos negros de otros tiempos. Los modelos que se imponen tienen brillos, colores y diseños divertidos. Grupos de música pop como Tan Biónica fomentan esa moda”, cuenta el vendedor de ropa Hernán Marquez.

LOS ORIGENES

El origen de la corbata se remonta a la segunda mitad del siglo XVII, y el nombre deriva de croata. Fueron los jinetes de ese ejército quienes impusieron la moda en Francia. Los soldados llevaban un pañuelo de color enlazado al cuello para ahorcarse en caso de caer en manos del ejercito enemigo. Durante la revolución francesa se volvió un símbolo de status.

Aunque todavía conserva a sus fieles adeptos, la clásica corbata va cediendo ante un estilo de vestuario que pretende mostrar a los hombres menos rígidos y más sueltos.

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