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La familia y el crimen

Por Redacción

Por JORGE FOLINO
Director de la Maestría en Salud Mental Forense Facultad de Medicina de la UNLP

¿Si la familia suele considerarse como el entorno más preocupado por el bienestar de la progenie y como la encargada de mostrar los mejores caminos posibles a la próxima generación, cómo se explica que haya familias involucradas en el crimen? ¿En qué medida ocurre?

Esas dos preguntas que desafían al sentido común, han encontrado respuestas ilustrativas en algunas pocas, pero muy importantes, investigaciones de las últimas décadas que focalizaron en la transmisión intergeneracional del crimen. Por ejemplo, en los años circundantes al cambio de milenium, evidencias provenientes de Inglaterra y de EEUU exponían que de una pequeña proporción de las familias (5%) se iban produciendo importantes y desproporcionadas cantidades de personas que cometían delitos (24%-30%) y que tenían penas privativas de libertad (46%). En síntesis, ponían de manifiesto que uno de los factores que mejor pronosticaban la acción delictiva de las personas era tener un familiar involucrado en el crimen.

La continuidad intergeneracional de la conducta criminal se explica principalmente por dos perspectivas complementarias: la influencia genética y la influencia de la crianza. Mientras la primera aporta acerca de la mediación de factores tales como la inteligencia o la impulsividad, la segunda señala la importancia del aprendizaje de pautas conductuales y del funcionamiento familiar. Este último enfoque fue, tradicionalmente, sostenido por descripciones anecdóticas de familias severamente involucradas en el crimen organizado pero, más recientemente, recibió el fuerte soporte de estudios experimentales. La verificación de la fuerte relación entre antecedentes familiares delictivos y pronóstico delictivo en la progenie, ofrece oportunidades para la prevención sobre población seleccionada que no deberían desaprovecharse.

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