Equilibrio. En el fútbol, como en la vida, es una palabra clave. Álvaro Fernández le aporta equilibrio a Gimnasia. Con Omar Pouso a las espaldas, "jugaba" más. Con un volante como Roberto Brum, de despliegue más generoso, es más posicional, más ordenado. Y como al fútbol se juega con dos arcos, no es un demérito que quede -a veces- más cerca del arco propio que del rival. Mientras Nacho la descose y Brum corre, Álvaro piensa y ocupa espacios. Para la visión desde la tribuna tal vez no se note; al equipo, le sirve. Y mucho.
Desde aquel primer partido en Santa Fe en marzo del año pasado mucha agua ha pasado bajo el puente. Llegó de '8' y nunca jugó allí. Doble 5, mediapunta, volante con tres medios, hasta delantero. Jugó 51 partidos e hizo 5 goles entre torneos locales, Copa Sudamericana y Copa Argentina. Sacrificado y voluntarioso. No es crack -aunque es el único del plantel que jugó un Mundial-, no es determinante, pero cuando no está, se lo extraña. Con Boca, no está 10 puntos y va al banco. ¿Siguen creyendo que juega por un capricho de Troglio?
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