¿Hace falta discutir si las facultades de la Universidad pueden funcionar los fines de semana como boliches bailables? El sentido común parecería indicar que no. Pero como el debate está instalado, y de hecho ha abierto ya hace tiempo una polémica irresuelta en la Universidad, quizá sea necesario puntualizar algunas obviedades:
*) Los edificios de las facultades no están preparados para el desarrollo de fiestas bailables multitudinarias. Se supone que cada espacio está destinado al cumplimiento de actividades académicas, científicas o administrativas.
*) La realización de fiestas supone contar con habilitaciones, controles e infraestructura que no tienen las facultades.
*) Los bailes implican, además, riesgos que la Universidad no debería asumir ni le corresponde asumir.
*) Si a los centros de estudiantes se les reconoce la posibilidad de utilizar las sedes de sus facultades como boliches bailables, la Federación Universitaria podría exigir que se le preste el rectorado de calle 7 para el mismo propósito.
La utilización de facultades como boliches parece exceder, en definitiva, determinados límites. Es cierto que el rectorado se ha utilizado, por ejemplo, para actos de campaña política, como cuando lo cedieron, el año pasado, para el ex candidato a vicepresidente del kirchnerismo, Carlos Zanini. Pero eso no habilitaría otros usos indebidos.
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