Por NICOLAS NARDINI
INFORME
Elaborar o jugar un fútbol directo nunca parece haber sido materia de discusión en la carrera de Alfaro como entrenador. La gran mayoría de sus equipos representaron el paradigma del fútbol vertical, por encima de las largas posesiones que obsesionan a otros orientadores tácticos.
Ahora bien, para llevar esa idea este Gimnasia necesita dos cosas: ser un equipo sólido, que garantice primero el cero en el arco propio, y contar con elementos que puedan, en pocos toques o, en su defecto, a través de la pelota parada, generar situaciones de gol debajo de la portería rival. Esta última, una empresa no sencilla en un fútbol donde hay cada vez menos espacios y el nervio le gana la pulseada a la paciencia.
Con estas premisas, Alfaro parece haberse abocado de lleno, en primer lugar, a acomodar la zona defensiva. En esa línea, el infortunio le jugó una mala pasada: la lesión de Maxi Coronel dejó al fondo sin su patrón, sin el único hombre capaz de ordenar el andar del dubitativo Ramos, que aún está sufriendo el lógico proceso de adaptación al fútbol argentino. Apostó a la prueba y el error. Por esa vía, en Gorga (otro que sufrió problemas físicos en el inicio del torneo) y Guanini encontró la dupla de zagueros que le da más confianza, a la espera del retorno del hombre formado en River.
Fue un primer paso, pero habrá que ver andar a los hombres del fondo un poco más, para mensurar su afianzamiento.
MATERIA PENDIENTE
En algunas cosas, más allá de los adelantos tecnológicos y los avances científicos aplicados al deporte, el fútbol sigue siendo tan simple como siempre. Así, los buenos, sean jóvenes o estén en el final de su carrera, siempre terminan jugando. Sebastián Romero, a fuerza de talento, oficio, profesionalismo y su don de líder positivo, se terminó metiendo en el equipo, al parecer, para no salir más.
Alrededor de Chirola, este Gimasia tiene la obligación de crecer en volumen de juego, algo necesario incluso si la búsqueda es la de un fútbol vertical. Si no hay tres pases seguidos, es imposible llegar al arco contrario. Ante la ausencia de un delantero de peso que resuelva por sí solo, el desafío de Alfaro será lograr que los volantes lleguen por sorpresa para que crezca el poderío ofensivo y que no todo quede librado a una pelota parada. El DT tiene mucho trabajo por delante.
SUSCRIBITE a esta promo especial