El fútbol, sabemos, puede tapar casi todo. Más aún si, como sucede en estos días, juega la selección. El problema se agrava, además, cuando, en medio de un presente dulce, aparece un testigo incómodo que nos recuerda que, todavía, hay un acto injusto que no ha sido reparado. Estoy hablando del vóleibol. De que Buenos Aires fue orgullosa anfitriona del 35o Congreso de la Federación Internacional de ese deporte (FIVB). “Con total éxito finalizó el...”, etcétera, etcétera, dice el comunicado oficial de la Federación del Vóleibol Argentino (FEVA), que recordó con elogios los Congresos y Mundiales anteriores de 1982 y 2002 en Buenos Aires. El texto final reproduce el discurso de cierre que pronunció el jueves pasado en el hotel Hilton, de Puerto Madero, el brasileño Ary Graca Filho, reelegido como presidente de la FIVB por ocho años más. Sí, de 2016 a 2024. Graca habló de “era dorada” del voley y del “aporte fundamental de la familia”. La FEVA, a su vez, destacó el “agradecimiento” de todas las delegaciones de los casi doscientos países visitantes por la “calidez” y por la “profesionalidad” del Congreso. “Ahora -titula la web oficial de la FIVB al publicar el discurso de Graca- construyamos el futuro”. No todos piensan así.
Mario Goijman, presidente de la desaparecida Federación Argentina de Vóleibol que respondía a las siglas de FAV, fue hasta el hotel Hilton. Unos días antes, el diario La Nación había recordado su caso. La historia de su quiebre económico y anímico porque, en una Argentina devastada por el estallido de 2001, Goijman puso dinero personal para el Congreso y el Mundial de 2002. Jamás le devolvieron un peso y un banco lo dejó casi sin nada. La crónica recordó al empresario que era próspero y acaso polémico y que, en su ruina personal, perdió afectos de familia y de amigos, casa, auto, negocio y prepaga, vive deprimido y como puede en Tigre y anuncia intentos de suicidio. “Me quedé solo con mis dos perros”, dice Goijman. Gastó un millón de dólares en abogados en Suiza convencido de que, una vez restablecida la verdad, recuperaría su dinero y el deporte le agradecería su gesta. Fue un ingenuo. Al reclamar el dinero del Mundial 2002 que le correspondía a la FAV como organizadora del Mundial, Goijman descubrió y denunció ante la justicia suiza el sistema de comisiones que permitió ganar 33 millones de dólares al presidente mexicano de la FIVB, Rubén Acosta. Autorizado por un reglamento que él mismo había impulsado, el mexicano se quedaba con comisiones de cada contrato. Descubierto, Acosta debió poner fin en 2008 a su reinado de un cuarto de siglo. También debió abandonar el Comité Olímpico Internacional (COI). El expediente judicial estableció que “hubo falsificación de balances, pero no pudo establecer que esa falsificación se hubiese hecho de modo deliberado. Goijman jamás logró recuperar su dinero.
“En el hotel Hilton -escribió a las autoridades de la FIVB y del deporte argentino Jens Sejer Andersen, de la organización Play the Game- habrá champagne...pero también habrá silencio” y “olvido” pues “callarán sobre la deuda enorme” hacia Goijman, un hombre de 71 años “desamparado, arruinado, depresivo, diabético, anciano y desesperado”. “Nunca vi un caso tan injusto como el de Goijman. Nunca vi tantas instituciones mirar para otro lado cuando se les pide estar a la altura de los valores éticos que predican”, escribió Andersen. Asisto a congresos de Play the Game desde hace quince años. Tienen una firme y coherente política de lucha por un deporte más decente. Invitaron inclusive a uno de sus congresos a Goijman y le dieron un premio por su valiente actitud. Goijman, dice Andersen en su carta, “es una persona difícil, no cabe duda. Pero siempre fue honesto e íntegro, al contrario de muchos dirigentes deportivos. Y en su lucha incansable contra el abuso en su deporte contribuyó a levantar el prestigio de la Argentina y del vóleibol internacional. Ahora llegó el momento de devolverle lo que se le debe”. Andersen dirigió su texto a Gerardo Werthein, presidente del Comité Olímpico Argentino (COA), a Carlos MacAllister, Secretario de Deportes, y al brasileño Graca. “Ustedes -les dijo- tienen los cargos y el poder...la llave de una puerta que al mismo tiempo cierre los fantasmas del pasado y se abra hacia una vida digna para Mario Goijman”. No se dieron por aludidos.
Goijman descubrió y denunció ante la justicia suiza el sistema de comisiones que permitió ganar 33 millones de dólares al presidente mexicano de la FIVB (Federación Internacional de Vóleibol)
El expresidente de la FAV recibió en estos días cerca de cuatrocientos correos electrónicos de apoyo. Algo similar sucedió en las redes sociales. Goijman fue al Hilton, pero no lo dejaron ingresar al Congreso. Por su insistencia, logró que uno de los directivos más importantes de la FIVB bajara a escucharlo. Y que se comprometiera a enviarle una respuesta desde Lucerna, la confortable sede suiza de la Federación Internacional de Vóleibol y de muchas otras más. Cerca de medio centenar de Federaciones deportivas están radicadas en Suiza, por su ubicación geográfica, pero también por su discreto sistema bancario. El escándalo de la FIFA rompió esa comodidad. Goijman creyó que la justicia suiza por fin exigiría también controles financieros más serios a todas las Federaciones. Se equivocó. En la FIFA, en rigor, el escándalo se precipitó por la investigación del FBI. Y al FBI, vaya uno a saber por qué razón (¿Mundial de Rusia 2018?), le interesó sólo la FIFA. Si no le interesaron los escándalos de sus ligas más populares y millonarias del football americano y del béisbol, menos iba a preocuparle la situación de vóleibol.
Gianni Infantino, el presidente de la “nueva” FIFA, ganó las elecciones con similares métodos que los de Blatter, ofreciendo un Mundial para 40 selecciones. Días atrás subió la oferta a 48. Si lo hubiese hecho Blatter lo habrían liquidado. Infantino echó además a Domenico Scala, el hombre que había obligado la salida del propio Blatter. Sin Scala, la Comisión Etica sobreseyó a Infantino en algunas últimas investigaciones. El suizo corre ahora riesgo de una nueva causa, vinculada con un préstamo de 4 millones de euros que la UEFA (cuando Infantino era su Secretario General) cedió a la Federación de Eslovenia y que, según afirmó la prensa noruega, habrían sido destinados a la compra de una lotería llamada Sportna. El titular de esa Federación, Aleksander Ceferin, oh casualidad, fue elegido como nuevo presidente de la UEFA. Si Europa parece haber cambiado de rostro, pero manteniendo viejas prácticas, la Conmebol también ofrece lo suyo. El diario paraguayo ABC Color ofreció ya detallados informes sobre el nuevo personal contratado por Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol tras el escándalo del FBI que provocó las caídas de sus compatriotas paraguayos Nicolás Leoz primero y Angel Napout luego. El ABC informó también sobre el sueldo total de Domínguez que, sumando honorarios de FIFA, supera los 800.000 dólares anuales. Todo tan nuevo como el nombre de Fernando Marín, el extitular de Racing cuando era Blanquiceleste, el hombre elegido por el gobierno de Mauricio Macri para refundar el negocio de la televisación del fútbol argentino.
Esta última semana, la FIFA anunció que dejará de reunirse en el hotel suizo Baur au Lac. Es el hotel al que desembarcó el FBI en mayo de 2015. Fue la investigación que hizo explotar al fútbol mundial. Es el hotel que todos asocian con la vieja FIFA corrupta de Blatter. La nueva FIFA de Infantino se alojará ahora en el Park Hyatt. Ojalá que, además del hotel, cambien también otras cosas.
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