La formación de los martilleros en las aulas universitarias le dio un nuevo perfil y jerarquizó la actividad.
La ley 25.028, que prevé que sólo los egresados de la universidad puedan ejercer como martilleros y corredores públicos, marcó una bisagra en la historia de la actividad.
Esa norma llegó luego de casi un siglo de evolución, y permitió aguzar la especialización de quienes ejercen la profesión en la actualidad.
Es que la profesión de martilleros y corredores públicos tiene historia, y los requisitos para ejercerla fueron modificándose con el correr de las décadas.
A mediados del siglo XX, el requisito de idoneidad se cumplimentaba con la presencia de dos testigos que certificaran la buena conducta del interesado en el ejercicio de la profesión.
Recién en 1952 se agregó la exigencia de un “certificado de reincidencia”, para pasar luego al ciclo completo de estudios primarios.
En 1978, los propios interesados entendieron que resultaba indispensable tener el ciclo básico cumplido, pero tras varias revisiones fueron más allá y pensaron en la necesidad de capacitación intensiva.
Nuevamente se impusieron el objetivo de mejorar el ejercicio de la profesión, y aumentaron las exigencias, incluyendo el título secundario completo y la aprobación de un examen ante los tribunales de alzada.
Hace poco más de una década se llegó a establecer el requerimiento máximo: la obligatoriedad del título universitario. Con el correr de los años, el martillero y corredor de oficio, empírico, se transformó y dejó paso al profesional, transmitiendo el valor incalculable de la experiencia. Hoy es creciente el número de universidades públicas y privadas que ofrecen la carrera de martillero y corredor público.
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